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Gabriela Mistral

sábado, 10 de diciembre de 2011

Los niños y la separación de los padres.

Los niños y la separación de los padres, entendiendo que la Fè traspasa y vence montañas, tambien es cierto que los que somos Cristianos nos debemos a generar las condiciones, cuando el daño suele ser irreparable, donde la falta de diserniminto, no permite buscar el bienestar de los hijos - Carlos Saavedra M.

Los pequeños no lo entienden.

Es a partir de los cuatro o cinco años cuando los niños son conscientes de que papá y mamá tienen problemas y cuando sufren el divorcio. La primera reacción de los hijos es el desconcierto por una situación que saben que existe, pero que no entienden.
Ellos han conocido a sus padres siempre juntos y no pueden darse cuenta de los problemas que provoca el hecho de que ahora comiencen a ver menos a su padre o a su madre. El niño, además, suele ser víctima de crisis nerviosas o depresivas si la tensión entre los cónyuges se traslada a los otros miembros de la casa por discusiones o enfrentamientos violentos.


Poco después, los pequeños suelen negarse a admitir lo que ya es un hecho: insisten en la reconciliación de los padres o protestan cada día porque no pueden ven al progenitor que se ha ido de casa. Este periodo puede resultar más o menos largo en función de la manera en que se haya producido el divorcio; en definitiva, según los padres hayan logrado explicar y hacer lo menos dolorosa posible la situación.


Evitar que presencie discusiones.
Si realmente no se quiere hacer que el hijo sufra por los problemas de sus padres es necesario excluirlo de la tensión que se genera por esta causa; eso no quiere decir que no sepa que existen graves diferencias. Cuanto mayor es el niño, mejor puede asimilar el hecho de que existen problemas, siempre que no los perciba a través de gritos, insultos y discusiones violentas. Si éstas se producen, no debe ser delante de los hijos; si el motivo de la discordia es su educación, algo que han hecho mal o su custodia tras el divorcio, las medidas de precaución deben extremarse.


Separación amigable.
Varios estudios de psicología infantil desarrollados en Estados Unidos y la Unión Europea han demostrado que el niño sufre mucho más en situaciones en que los padres son infelices juntos que posteriormente, cuando vive sólo con uno de los dos y ve al otro en un nuevo ambiente e, incluso, con una nueva pareja. Estas reacciones no son difíciles de entender; los niños quieren sentir que sus padres son felices; lo contrario les provoca muchas alteraciones.
Si la separación es amigable a sus ojos, la tensión generada desaparecerá. El pequeño percibe que su papá y su mamá ahora sonríen y juegan con él más que antes; además ahora tiene dos casas que son suyas, dos cuartos, dos armarios de juguetes y en cada visita su progenitor le tiene preparado un programa de diversiones que antes, cuando vivían juntos, solía disfrutar con mucha menos frecuencia.


¿Cómo enfrentar la separación de los padres?
La Separación de los padres es siempre una situación dolorosa para todos los miembros de la familia, por lo cual es importante permitir a los niños manifestar sus sentimientos de rabia y frustración, acogerlos y no enjuiciarlos. Ellos requieren muchas veces de la ayuda profesional, no deben sentirse culpables del rompimiento.


¿Cómo fortalecer el vínculo con aquel o con el que no se vive?
Lo más recomendable es el contacto frecuente, al menos conversaciones por teléfono, para que así la visita de fin de semana no sea algo extraordinario. Considere además, las cartas, los e-mails, que pueden ser herramientas facilitadoras de la comunicación con los/as hijos.
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Que los encuentros se destaquen por ser de buena calidad, es decir, que se disfruten, que el niño esté bien, tranquilo, que se sienta acompañado. Que sean instancias en las que exista el diálogo entre padre/madre e hijo, que el niño pueda hablar de su escuela, de sus notas, de algún paseo, de sus amigos, de su casa, etc.
La escuela o colegio es un ámbito de suma importancia en la vida del niño, por ello es aconsejable que, aunque no vivan juntos, comparta todo lo relacionado con él: llévelo o tráigalo alguna vez, converse con los profesores, participe de las reuniones de padres, fiestas y actividades especiales; mírele los cuadernos, facilítele material para sus tareas, etc.

Es saludable que el niño conozca cómo es la vida diaria de su papá o mamá (es decir, de aquél que no vive con él), por ejemplo, que sepa sobre su trabajo, que conozca el lugar donde vive, con quién vive, etc. esto le disminuirá el nivel de ansiedad.


¿Qué pasa si las visitas no son regulares?
Cada vez que el papá -o la mamá- dice que viene y no lo hace, o bien llega mucho más tarde de la hora que estipuló, los niños vuelven a vivir el abandono que sintieron cuando supieron que los padres se separaban. Ello les causa mucha angustia y miedo a quedarse solos.
Una situación similar se produce cuando la madre o el padre, que vive con él/ella, se opone a que el/la niño vea a su progenitor, ya que lo priva de un cariño necesario.

Lo mejor es que las visitas sean programadas y fijas. Así el/la niño/a sabrá, por ejemplo, que todos los domingos puede esperar a su padre listo y lleno de emoción, o que todos los días lo irá a buscar a la salida del colegio para llevarlo a casa. La idea es establecer una rutina que no debería romperse, a menos que las causas fuesen realmente justificadas. También puede darse espacio al encuentro espontáneo si ambos desean compartir una ocasión especial.

Lo bueno es que hagan algo que disfruten todos. No se trata de que el papá se convierta en un "viejito pascuero" de fines de semana, tratando de compensar a los niños con regalos y golosinas. Debe continuar educando y orientando a sus hijos. Puede ayudarlo por ejemplo en las tareas escolares y asistir a las reuniones de apoderados.

¿Cómo organizo las cosas después de la separación?
Aclare la situación y relación que los hijos tendrán con el padre que deja el hogar.
Si se comparte la tenencia de los hijos, establezca las reglas del juego y que ellas sean iguales con ambos padres.
Conserve buenas relaciones con las familias de origen de ambos (abuelos, por ejemplo). Recuerde que ésta es una relación de apoyo para los hijos en este momento.
Evite la sobreprotección del niño/a por pena; trátelo como a un niña "normal" de su edad. Si no, no le ayudaremos a crecer, acabará comportándose de forma inmadura y más infantil de lo que le corresponde.
Todas las personas tienen virtudes y defectos; también los padres. Hable con el/la niño/a del otro progenitor con argumentos reales, sin caer en la ficción.

Los puntos más conflictivos de los padres tras la separación suelen ser: los hijos, el dinero y las nuevas relaciones. Trate de ser objetivo/a y no intente poner al hijo/a de su parte. Hay que solucionar estas cuestiones, sin involucrar a los niños.

¿Es normal que mi hijo/a esté triste o cambie su conducta por la separación?
Es común que en la primera etapa de la separación los niños sufran trastornos de sueño, sientan miedo al abandono de ambos padres, estén irritables, o tengan conductas regresivas. Asimismo pueden mostrarse más retraídos o agresivos.
También son esperables reacciones de ansiedad, e incluso angustia. El llanto puede ser frecuente, esto les tranquiliza y se hace necesario acompañarles y favorecer la expresión del dolor que sienten.
Pueden insistir una y otra vez en el deseo de que los padres vuelvan a estar juntos. Hasta que no aceptan que esto no es posible, se muestran muy tristes e infelices.
Algunos se acuerdan del otro progenitor, cuando el que está con ellos les regaña; y desean tanto estar con el otro, que incluso pueden llegar idealizar más al otro progenitor, al ausente, pues sólo recuerda los buenos ratos pasados con éste.

Si ante una separación notamos grandes cambios conductuales, depresión, tristeza, falta de interés en las actividades diarias y otros síntomas que nos llamen poderosamente la atención es recomendable buscar ayuda profesional.

La separación y los hijos: resumen de las recomendaciones más importantes

El divorcio es una situación frecuente que enfrentan las familias actualmente. Los niños son los principales afectados en estos casos y el deber de ambos padres es el tratar de minimizar los efectos que su decisión producirá en ellos.
El ideal es que los niños mantengan una relación con ambos padres lo más similar a la previa al conflicto.
Informe a sus hijos antes que se produzca la partida de la casa de alguno de los cónyuges, hágalo de común acuerdo con su ex-cónyuge en reunión conjunta. Háganles saber que la decisión no tiene nada que ver con la conducta del niño, ni que nada que ellos hagan va a cambiar la decisión.
Repítales reiteradamente que ambos los quieren y seguirán queriéndolos igual, pese a que no estarán tan juntos como antes.
Definan los días en que verán o saldrán con cada uno de ustedes y respétenlos con las flexibilidades que favorezcan la relación de ambos padres con el niño.
De común acuerdo con su ex-cónyuge decidan no utilizar a los hijos para presionar al otro bajo ninguna circunstancia, y respetar al cónyuge ausente en los comentarios y conversaciones.
Los padres que se separan lo hacen por decisión consensuada, también lo hicieron cuando decidieron casarse, si UD. desprestigia a su ex-cónyuge se está también auto desprestigiando, además de destruir la imagen paterna o materna que son importantes para el niño.
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Aprovechen los tiempos libres para pasar junto a ellos y manteniendo contacto en común en los diferentes aspectos de la vida del niño: escuela, deportes, entretenciones, etc.
Evítele nuevos cambios además de la separación, manténgalo en el mismo colegio, casa, amigos, etc. El niño no está preparado para tantos cambios como los que puede haber en estas circunstancias.
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Póngase de acuerdo con su ex-cónyuge y aplique normas de disciplina similares en ambos hogares. No intente Ud. hacer de bueno y que el otro es el malo. Piensen siempre en el bienestar de su hijo y no en las rencillas propias.
No trate de compensar su presencia o salidas en conjunto con regalos exagerados, sobre todo si Ud. puede hacerlos y su ex-cónyuge no.
Si los padres quieren el bien del niño, deben ser aliados distantes que tienen que colaborar en el objetivo común. Evite pelear y discutir frente a sus hijos. Esto puede echar por tierra todo lo conversado y logrado durante mucho tiempo.
Si su ex-cónyuge tiene ventajas para cuidar de su hijo, déle la custodia. Si Ud. cree tenerlas convenza y no litigue, sea honesto en ese sentido y cautele el derecho y deber del otro cónyuge a estar y convivir con el niño.
Si Ud. cree que la situación causa muchos problemas al niño, es conveniente consultar con un especialista según el consejo de su médico tratante.
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Fuente: pediatraldia.
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