BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

jueves, 24 de abril de 2008

Pedro Araya Ortiz (Q.E.P.D.) – El Homenaje de un hijo, a su padre. (Diputado Pedro Araya Guerrero).


Vengo a rendir homenaje a la memoria Don Pedro Araya Ortiz, militante del Partido Demócrata Cristiano y obrero de la construcción. Regidor de la Ilustre Municipalidad de Antofagasta, entre los años 1967 y 1969, Diputado de la República, por la provincia de Antofagasta durante los años 1969 – 1973, reelecto para el período 1973 – 1977, y Alcalde de la Ilustre Municipalidad de Antofagasta los períodos 1992- 1996; 1996- 2000 y reelegido nuevamente por los años 2000- 2004.

Don Pedro Araya Ortiz, fue siempre un hombre de esfuerzo y lucha, hijo menor de una familia numerosa, sostenida trabajosamente por su madre jefa de hogar, comenzó a trabajar a muy temprana edad, desempeñando diversos oficios, hasta transformarse definitivamente en carpintero de la construcción. Sus naturales condiciones de liderazgo y permanente búsqueda de la justicia social, lo llevaron a interesarse por la llamada cuestión social, y participar como activo dirigente sindical en su juventud. Su compromiso con la gente de Antofagasta, en especial con los más débiles y desprotegidos, su aprendizaje en la Acción Sindical Chilena y la fidelidad al mensaje que el Padre Hurtado, había enseñado a los trabajadores, fueron motivación suficiente para despertar a la acción política. Su ingreso al Partido Demócrata Cristiano, fue el inicio de un largo y hermoso camino de servicio público. En los años, en que la Democracia Cristiana, comenzaba a remover la conciencia de los chilenos, en el norte, Pedro Araya Ortiz, ayudaba a contagiar la esperanza de un país más justo para todos, en especial para los trabajadores. Con la fuerza e idealismo que le caracterizaron durante toda su vida, se volcó al trabajo sindical y poblacional, destacándose como ardiente defensor de los derechos de los trabajadores de la construcción y promotor del bienestar de los sectores más modestos de Antofagasta. En esas nobles labores, construyo sólidas amistades que, además de acompañarle toda la vida, siempre le respetaron y valoraron, por su gran calidad humana y privilegiada inteligencia. Aún siendo un hombre de escasa instrucción, siempre tuvo la sabiduría de aprovechar cada oportunidad de aprender algo nuevo y útil.

A Pedro Araya Ortiz, Dios le concedió la gracia de ser un hombre humilde, en toda la extensión de la palabra, jamás buscó honores ni se atribuyó títulos, mucho menos escondió su condición social, y siempre se presentó como obrero de la construcción e hijo de madre lavandera. Por su fuerte compromiso con el Gobierno de don Eduardo Frei Montalva, y su notable trabajo en la Promoción Popular, la Democracia Cristiana de Antofagasta le entrega la responsabilidad de representar al partido en las elecciones municipales del año 1967, la primera elección popular que enfrenta, esfuerzo que culmina con éxito, y de paso, marca el rumbo definitivo de su vida, hasta el día de su muerte. Siendo Regidor, desarrollo una intensa labor, en beneficio de la comunidad, anticipando muchas veces desafíos, que eran difíciles de visualizar, entre ellos, la remodelación de la Plaza de Armas de Antofagasta, iniciativa que solo pudo concretar 23 años después como Alcalde de Antofagasta.

La convicción, el compromiso y el tesón, con que acometía cada nueva tarea en bien de Antofagasta, merecieron el respeto y reconocimiento de la comunidad. En 1969, cuando postula como candidato a Diputado por la Provincia de Antofagasta, la ciudadanía le entrega la oportunidad de incorporarse al Parlamento de la República, para seguir su camino de servidor público, en las comisiones de Salud y Vivienda de esta Honorable Cámara. Elegido para el período 1969 – 1973 fue protagonista y testigo de trascendentales hitos de nuestra historia nacional, entre ellos, la ratificación de don Salvador Allende Gossens, como Presidente de Chile, y la aprobación de la Reforma Constitucional que permitió poner en marcha la Nacionalización del Cobre. Durante esos mismos años, cumplió una destacada labor parlamentaria, presentando un gran número de iniciativas legislativas, de entre las cuales es importante nombrar, el primer proyecto de ley que instituye el Recurso de Protección de Garantías Constitucionales, junto a los diputados Andres Aylwin y Luis Pareto, contando para ello con la dedicada y visionaria asesoría del abogado Agustín Venegas Alucema.

Su tenaz oposición a cualquier tipo de abuso, lo enfrentó muchas veces con las autoridades de gobierno de la época. Su vitalidad y entusiasmo, le permitía recorrer minuciosa y esmeradamente la antigua provincia, hoy convertida en región, para conocer de cerca la realidad cotidiana de sus habitantes. Especial compromiso, demostró con la gente que vivía en las oficinas salitreras, quienes, hoy día transformados en antofagastinos, le recuerdan con cariño y gratitud. La pasión con que defendía sus ideales, también le costó una dura golpiza que lo mantuvo hospitalizado durante más de veinte días. La lealtad y dedicación a la región, le permitió ser reelegido, con una extraordinaria votación, como diputado el año 1973, para el período 1973-1977. Por tercera vez consecutiva el pueblo, reconocía las calidad humana y capacidad de este obrero de la construcción, brindándole el respaldo mayoritario de las urnas.

Recién iniciado su segundo ejercicio parlamentario, tuvo que enfrentar la más dramática disyuntiva, que los distintos actores políticos debieron plantearse. Apoyar el golpe militar, guardar silencio cómplice o asumir el desafío de ser opositor al régimen. Fue esta última, la opción que Pedro Araya Ortiz hizo propia, haciendo carne y testimonio vivo los principios y valores más preciados de la Democracia Cristiana, la lucha por la justicia, por la libertad y por la democracia. La valentía de su decidida oposición al Gobierno Militar, en especial a los brutales atropellos cometidos contra los Derechos Humanos, le permitió mantenerse firme a pesar del secuestro, desaparición y torturas a las que fue sometido durante más de dos meses, tanto en recintos de Carabineros y de la Fuerza Área en Antofagasta, como en el Centro de Detención y Tortura de Tres Álamos y Cuatro Álamos en Santiago. Su participación en el Comité Pro-Paz y colaboración en la Vicaría de la Solidaridad, su pública oposición en el Plebiscito con que se aprobó la Constitución de 1980, así como su incorporación en todas y cada una de las acciones emprendidas contra el Gobierno Militar le acarrearon permanente y sistemática persecución. Desafiando el constante maltrato, impulsó la Comisión de Derechos Humanos, la Alianza Democrática, el Comité de Defensa del Cobre, Comité de Defensa de Isla de Pascua, el Acuerdo Nacional, la Concertación de Partidos por el No, y la Concertación de Partidos por la Democracia. Junto a ello, ocupó los cargos de mayor responsabilidad dentro del Partido Demócrata Cristiano, durante todos los años del régimen militar.

Con la llegada de la democracia en 1990, Pedro Araya Ortiz, ostentaba el mayor honor al que puede aspirar un verdadero demócrata, haber sido el primero a la hora de enrostrar al Gobierno Militar, cada una de las brutalidades cometidas, el orgullo de ser reconocido por los antofagastinos como un audaz defensor de los derechos humanos y firme opositor al régimen y sus abusos.

Sin embargo, tuvo que idearse un espacio para aportar al desarrollo de Antofagasta. Hasta que el día 28 de Junio de 1992, la misma gente que le había entregado la oportunidad de ser regidor y dos veces diputado, reconociendo una vez más su inteligencia y calidad humana, así como su entrega valiente y generosa durante la larga y oscura noche vivida, por medio de una votación arrolladora le permite continuar su camino de servicio público, como Alcalde de Antofagasta

Desde el mismo día en que asume la principal representación de la comunidad antofagastina, inicia una serie de transformaciones profundas, que en un esfuerzo compartido han convertido a Antofagasta, en la gran ciudad del norte de Chile. Una serie incontable de obras materiales e iniciativas que benefician directamente a las personas, y su reconocido compromiso con la promoción de los sectores más desposeídos de la ciudad, han puesto a Antofagasta en la ruta del Bicentenario. Al mismo tiempo son testigos de sueños cumplidos, anhelos y desvelos, motivados en la convicción profunda de que todos los hombres somos hijos de Dios, y que de allí emana la esencial dignidad y respeto que nos merecemos, sin importar nuestra condición social, nuestros títulos, riquezas o miserias.

La certeza con que afirmaba que las personas son siempre lo más importante, se transmitía en sus palabras y en sus actos. Pedro Araya Ortiz, atendió en su oficina, cada día, durante los once años de gobierno comunal, a partir de las siete de la mañana, a todos los hombres, mujeres y niños, sin distingos de ninguna clase y sin audiencia previa. Las historias que se han tejido en torno a la cercanía con que era percibido por la comunidad, tienen su base, en el fácil acceso que le caracterizaba.

A nombre de la Bancada de Diputados de la Democracia Cristiana, he venido a rendir homenaje a un hombre extraordinario, con quien compartimos sueños, ideales, y esfuerzos. Pedro Araya Ortiz, nos honró con su testimonio y con legítimo orgullo afirmamos que fue un destacado Diputado Democratacristiano, que siempre puso por delante el servicio a los demás, que desarrollo su inteligencia y capacidad, sin buscar el beneficio propio, sino que colaborando siempre con los otros, especialmente con los más pobres. Sus palabras llenas de sabiduría, cuando afirmaba que “ cuando uno nace, Dios no te dice, vas a ser médico, abogado, ingeniero, o diputado, senador o alcalde, sino que Dios nos da inteligencia y capacidad, para que la desarrollemos y pongamos al servicio de nuestros hermanos más pobres “.

De tantos hombres y mujeres, que como Pedro Araya Ortiz, lucharon por un país más justo para todos, hemos aprendido que los cargos son pasajeros y pertenecen al pueblo, para honrar su memoria, pedimos a Dios que, nos acompañe en nuestra tarea legislativa, para anteponer siempre los intereses de las grandes mayorías, en especial los intereses de los más pobres.

La Bancada de Diputados Democratacristianos, ha rendido homenaje a un antofagastino y chileno ejemplar, que siendo miembro de esta Honorable Cámara de Diputados, siempre dio testimonio de los principios y valores que motivan la acción política de la Democracia Cristiana. Agradecemos a Dios, haberlo podido contar como uno de los nuestros, y haberlo recibido en el Reino prometido.

He dicho.

Pedro Araya Guerrero – Diputado de la Republica de Chile
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