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Gabriela Mistral

jueves, 4 de marzo de 2010

CHILE: En la semana de la quinta visita al país de Juan Carlos I.

Los nexos y las anécdotas del rey de España en Chile.

Recibe a Gabriel Valdés cada vez que éste viaja a Europa y conoce al ex embajador Mariano Fontecilla desde que era príncipe. Admirador del proceso democrático chileno, ha piloteado aviones en Puerto Montt, gozado cada vez que habla de fútbol con Enrique Krauss y se ha burlado de la nariz de Eduardo Frei.

La próxima semana, el rey Juan Carlos I de España y su esposa la reina Sofía de Grecia pisarán nuevamente suelo chileno. Lo harán para inaugurar el V Congreso Internacional de la Lengua Española, que se realizará entre el 2 y el 5 de marzo en Valparaíso. Pocos días después, para el cambio de mando, arribará al país el príncipe Felipe de Asturias... aunque sin su esposa, doña Letizia Ortiz.

Es la quinta visita del monarca al país y esta vez llega precedido por una serie de debates que se han instalado en la sociedad española, referentes, principalmente, a la susesión al trono y a la separación de la infanta Elena de su esposo, Jaime de Marichalar. Además, el rey Juan Carlos, quien no suele involucrarse en política doméstica, durante los últimos meses ha debido extremar sus famosas habilidades como mediador para evitar los conflictos entre los dos principales partidos políticos de su país: el PSOE y el PP.

Estos problemas, sin embargo, no han mermado la popularidad del rey, la que se vio fortalecida desde que, en 2007, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago, sorprendiera al Presidente Hugo Chávez al gritarle frente a todos la mundialmente célebre frase "¡Por qué no te callas!". Las poleras, gorros y bufandas con la frase se pueden encontrar en todos los locales turísticos españoles.

Sus amigos chilenos

"El rey sabe mucho sobre los países de Latinoamérica y sobre Chile. Le interesa mucho ese tema", dice Gonzalo Martner, actual embajador chileno en España. Además del vino nacional, del que es gran conocedor, al monarca le interesa especialmente el proceso de transición hacia la democracia por el que pasó el país, pues lo considera similar al de España. "Chile cuenta con nuestra unánime admiración, porque ha sabido avanzar, desde la recuperación de su mejor tradición democrática, por el camino de la estabilidad institucional", dijo en 2007 en su última visita.

Fue en 1975 cuando Juan Carlos de Borbón tuvo su primer contacto político con Chile al recibir, un día antes de ser coronado, a Augusto Pinochet, que asistía a los funerales de Francisco Franco. Sin embargo, ante la molestia internacional por la presencia del general, el mismo monarca llevó al Mandatario al aeropuerto para que se retirase.

Pero antes de esto, el rey ya tenía un par de amigos chilenos...

El embajador Mariano Fontecilla, actual coordinador diplomático del Congreso Nacional, conoce al monarca desde fines de los 40'. "Conocí a sus padres y a su familia. Incluso, viví con sus primas hermanas", señala el diplomático, que trabajó en España entre 1945 y 1948; 1969 y 1975, y entre 1982 y 1984. Cuenta que la relación entre ambos, más que diplomática, es "social". "Cuando nos vemos, nos preguntamos por nuestra respectivas familias. Además, él siempre me sorprende, pues conoce Chile a la perfección", señala Fontecilla, quien fue edecán del monarca en su primera visita en 1990.

Pero el amigo más cercano de Juan Carlos en Chile es el ex canciller Gabriel Valdés, de quien se dice que es "embajador concurrente en La Zarzuela". "Lo conozco desde los 70'. Y cada vez que voy a Europa, lo paso a visitar", dice el ex senador DC, quien además tiene una relación muy cercana con la reina Sofía y con los hijos de la pareja real. Es con Valdés que el monarca tuvo la que dicen es la experiencia que más recuerda en suelo chileno. "En 1990, cuando vino por primera vez, lo invité a Valdivia. Le hice un almuerzo en el fuerte de Niebla y luego le conseguí un avión que él mismo piloteó hasta Puerto Montt: quería ver los volcanes", cuenta. Espera poder reunirse con su amigo el martes.

Otro cercano es el pintor chileno residente en España Guillermo Muñoz Vera, quien lo visitó en La Zarzuela e incluso lo acompañó a cazar cuando, en 2002, fue elegido para retratar al monarca. "Don Juan Carlos es una persona cercana, al que casi uno podría tutear. Recuerdo que un día me llamó a mi taller, y mi secretaria, pensando que se tratataba de una broma, me dijo: 'Te llama un tal Juan Carlos, y que dice que es el rey. Debe ser algún amigo tuyo bromista'... Pero era él...".

Asimismo, según ex embajadores en España, la relación que tiene el monarca con los presidentes de Chile ha superado el ámbito de las relaciones bilaterales. Tanto es así, que cada vez que se junta con ellos, los temas políticos pasan absolutamente a segundo plano.

Un rey relajado

Varias son las razones por las que Juan Carlos nunca ha visto amenazados su arrastre y popularidad en España.

Según el historiador español Santos Juliá, las explicaciones más claras para esto son tres: "Su opción por tomar el camino de la democracia tras la muerte de Franco, su aceptación de la gran pérdida de poder que sufrió la monarquía, y su rechazo, en 1981, al golpe de Estado, que, gracias a él, terminó en fiasco". "Pasó de ser un personaje sin posibilidades de reinar a un monarca democrático, clave en la consecución de la España como la conocemos", agrega el historiador.

Pero son su buen humor y su sencillez -que ha llevado a todo el mundo en su rol de embajador de su país- lo que hace que esta popularidad perdure. "Es muy gracioso y de gran sentido del humor. Cada encuentro con él es una fuente infinita de anécdotas. Verlo y tener la oportunidad de intercambiar algunas palabras con él es siempre refrescante y de mucho interés", cuenta el canciller Mariano Fernández, quien fue embajador en Madrid entre 2000 y 2002. Esta característica impera también en su relación con Chile.

Petero Edmunds Paoa, ex alcalde de Isla de Pascua, estuvo ahí cuando los reyes de España visitaron Rapa Nui en 1996, junto al Presidente Frei y su esposa Marta Larraechea. Lo más impresionante para él fue cuando de pronto un par de pascuenses montados a caballo y con el torso desnudo se acercaron al monarca y le dijeron, ante el espanto de todos: "Oye, rey, ¿quieres montar?". El rey Juan Carlos respondió con un relajado "vale", para luego subirse a uno de los animales. Los testigos, además, cuentan que durante ese viaje Juan Carlos no paró de hacer comparaciones entre el perfil de los moáis y la nariz de Eduardo Frei, ante las carcajadas de toda la delegación.

Quienes también han sido testigos del estilo relajado del monarca son los embajadores chilenos en España. "Me reuní siete veces con él por cuestiones protocolares, pero siempre terminábamos hablando del Real Madrid", dice Enrique Krauss, delegado en Madrid entre 2002 y 2006. No ha sido el único chileno en conversar de fútbol con él: años antes, en 1993, en una recepción formal en honor del Presidente Frei, se saltó el protocolo para hablar un momento con Iván Zamorano, en ese tiempo estrella del Real Madrid.

Otro que fue víctima de la personalidad relajada del rey fue el poeta Gonzalo Rojas, cuya vestimenta formal al recibir el Premio Cervantes, en 2003, le acarreó las burlas del monarca: "Dónde dejaste el sombrero", le dijo.

Claves de las cinco visitas
Primera visita

Por años Pinochet invitó infructuosamente al rey para que visitara Chile. Lo hizo recién en octubre de 1990, ya instalada la democracia, y aprovechó de conocer Valdivia junto a su amigo Gabriel Valdés.

En la Polinesia

En noviembre de 1996, los reyes visitaron la Isla de Pascua. El rey Juan Carlos incluso se animó a montar un caballo de la isla.

De viaje al Polo Sur

En su tercera visita a Chile, en enero de 2004, el rey visitó la Antártica, invitado por el Presidente Lagos.

"¡Por qué no te callas!"

En todo el mundo resonó la exigencia que el rey gritó al Presidente venezolano, Hugo Chávez, en la Cumbre Iberoamericana de Santiago, en noviembre de 2007.

Callada, pero querida
En 1996, la reina Sofía caminaba junto a Martita Larraechea por los prados de Isla de Pascua cuando de pronto se les cruzó un gato que sorprendió y asustó a la Primera Dama, quien ordenó que sacaran al felino de ahí. Pero la reina se adelantó a los guardias y rescató al animal, al que hizo cariño y luego depositó lejos de la gente. Es una muestra del carácter de Sofía de Grecia, quien es calificada por quienes la conocen como "una mujer dulce, bonita y muy tranquila".

Su carácter, serio y mucho menos carismático que el de su esposo. Dicen que esto se explica por su enseñanza sajona (a sus hijos, de hecho, le hablaba en inglés de pequeños). Sin embargo, en España se la respeta mucho y se la considera muy inteligente, incluso más que el Rey. Habla e interviene poco, pero cuando lo hace, deja huella. Por ejemplo, su apoyo al compromiso entre Felipe y Letizia fue fundamental para disminuir el presunto enojo de su marido. Asimismo, a veces ha lanzado declaraciones políticas que han perturbado la fama de neutralidad de la corona. Las últimas fueron en 2008, cuando en el libro "La Reina muy de cerca", de Pilar Urbano, se declaró contraria a la unión de gays, al aborto y la eutanasia. "El comunismo es un fiasco. Promete libertad y bienestar; pero indefectiblemente esclaviza y empobrece", dijo también.

El dilema de la sucesión
El integrante de la familia real española que asiste a los cambios de mando alrededor del mundo es el príncipe Felipe de Asturias. Así será también en el caso de Chile, donde el heredero de la corona -que viene sin su esposa, la princesa Letizia- estará presente en la ceremonia el día 11 y luego en la cena en Cerro Castillo.

Aunque tiene 41 años, y su padre cuenta con buena salud, muchos se preguntan qué será de la monarquía sin Juan Carlos. Y la respuesta no siempre es positiva.

"Dudo mucho que la monarquía se mantenga sin el rey. Juan Carlos ha puesto todo su empeño para traspasarle su popularidad, pero no ha resultado. Felipe es como su madre, serio, parco. Y Letizia, que podría haber sido una princesa del pueblo, como Lady Di, no termina de conectar con la gente. Parece que tuviera más sangre azul que su esposo", dice José García Abad, escritor español y autor del polémico libro sobre la monarquía "La soledad del rey". Para él, la solución al problema sería que el rey abdicara en favor de su hijo, lo que funcionaría como un signo de continuidad. Juan Carlos, sin embargo, ha dicho públicamente que reinará hasta el día que muera.

Otro problema es la incertidumbre que hay sobre quién se haría cargo del trono después de Felipe, pues los príncipes tienen dos hijas: la infanta Leonor, actual heredera, de 4 años, y la infanta Sofía, de 2. Pero como la Constitución da los derechos de sucesión a los varones, si la pareja tuviera un tercer hijo hombre, Leonor sería relegada. En el Congreso español están intentando cambiarlo, sin éxito hasta ahora.

Fuente: Matías Bakit y Camila Carreño - El Mercurio de Santiago.
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