BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

lunes, 10 de diciembre de 2007

UN CAMBIO PROFUNDO.


Ante la incertidumbre que se ha instalado en la opinión pública por las desavenencias de la coalición de gobierno, la renuncia de altos funcionarios y la forma de llegar al fin de año, es oportuno mirar en perspectiva lo ocurrido para entender que es lo que realmente sucede en el país.
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La llegada de nuestra Presidenta Michelle Bachelet al gobierno abrió un espacio nuevo de participación, y en el más amplio sentido de la palabra. Caras nuevas, paridad de género y compromiso con la ciudadanía fueron los criterios más visibles con que se instaló la nueva administración, dando certezas que el país había iniciado una nueva etapa, para encarar los nuevos desafíos con creatividad y entusiasmo, donde los fantasmas del caos o de la crisis institucional dejaron de ser elementos ordenadores de la acción publica.
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Bajo la consigna del gobierno ciudadano distintas demandas sociales postergadas por años, vieron la oportunidad de ser escuchadas y a través de una modalidad de inclusión democrática que definitivamente no termina ser reconocida por los grupos tradicionales de poder, se fueron materializando diversas comisiones de amplia participación que han terminado en el Parlamento con iniciativas legales de gran envergadura.
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Y este nuevo aire cruza todo el espectro de lo público, teniendo eco incluso dentro de los propios partidos, que acostumbrados a la lógica de la verticalidad y el secretismo, están incómodos frente a quienes no estamos dispuestos a justificar lo impresentable. La crisis de la DC es el reflejo fiel de la profundidad del cambio ciudadano. La amenaza histérica de sancionar a parlamentarios que no obedezcan las órdenes de partido, es la reacción del club del poder que ve amenazadas sus posiciones de privilegio e influencia.
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Claramente decimos que el Transantiago es el emblema de la prepotencia y soberbia, de quienes se sintieron capaces de hacer cualquier cosa durante la administración anterior, al amparo de los fantasmas del miedo creyeron que era posible abusar una y otra vez de la lealtad e ilusiones de las personas. Esto llegó a su límite, somos muchos quienes creemos que es indispensable que existan responsabilidades que se hagan valer contra quienes despilfarran recursos públicos o hacen experimentos con la vida de las personas, y aún a pesar de las amenazas los vamos a seguir sosteniendo.
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Seguimos apoyando a nuestra Presidenta, su liderazgo ha traído aires nuevos y se ha atrevido a innovar en el ejercicio del poder, de una forma más inclusiva y participativa. Confiamos que será capaz de seguir conduciendo el cambio explosivo que vive nuestra patria, el que tiene una envergadura inimaginable y que será sin duda uno de los mayores aportes que ha hecho una gran mujer al futuro de nuestra patria.
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Diputado Pedro Araya Guerrero.