BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

lunes, 9 de noviembre de 2009

CHILE: "En 1979 no había empresarios, sólo propietarios".

Hace exactamente 30 años, el sociólogo y economista de la UC Fernando Dahse publicó el libro Mapa de la Extrema Riqueza, que denunció la concentración económica existente en Chile. La obra se convirtió en superventas y abrió el debate sobre la legitimidad del "modelo" y la influencia de los grupos empresariales. Qué Pasa habló con el autor del libro y con Rolf Lüders, quien por esos días era uno de los principales ejecutivos del país.

El principal protagonista de la polémica generada por Mapa de la Extrema Riqueza, Fernando Dahse, vive hoy en el sur de Chile, en un lugar apartado de la X Región. Hace 30 años, este economista de la UC provocó un pequeño vendaval en el corazón del régimen militar al criticar la excesiva concentración de empresas en manos de pocos empresarios. Ya que los activos de estos conglomerados provenían, en su mayoría, de privatizaciones realizadas por el régimen militar, el texto fue usado para criticar al gobierno de Augusto Pinochet.

-¿Por qué decide escribir el libro?

-Yo no quería deslegitimar ni al grupo Angelini, ni al grupo Matte ni al señor Manuel Cruzat. El objetivo de este libro era contribuir a la deslegitimación del modelo autoritario encabezado por Augusto Pinochet, fundamentalmente en la clase media, donde contaba con un gran apoyo.

-¿Y el libro tuvo ese efecto?

- No lo tengo muy claro. Pienso que a pesar de que fue un éxito de ventas, más que nada despertó una tremenda discusión en la elite.

- ¿Cuáles fueron los puntos centrales de esta discusión?

- La elite dirigente se había propuesto cambiar el modelo económico de un capitalismo de Estado -vigente durante el gobierno de la UP- por un capitalismo privado y por la economía de mercado. Lo que pasó, y ahí radica la falla del modelo, es que para que surgiera la economía de mercado y ésta funcionara debían existir los empresarios y en el contexto social y económico en que escribo el libro, empresarios no había. En el sentido estricto del término lo que había eran propietarios.

- Sin embargo, previo a 1983 surge, por ejemplo, la figura de Manuel Cruzat, un hombre joven que no provenía de los grupos y forja una fortuna. ¿No cree que debiese ser considerado empresario?

-Tanto Manuel Cruzat como Javier Vial, a los que se suman otros pequeños y medianos empresarios, se arriesgaron y asumieron el rol que demandaba el nuevo modelo económico. Por supuesto que los considero empresarios. El problema es que eran muy pocos y por eso nos enfrentábamos en aquella época a una gran concentración económica. Durante las privatizaciones de los 70 hubo poco interés de la clase empresarial tradicional por quedarse con las empresas del Fisco -la mayoría quebradas-. Por eso el Estado las asignó a muy bajos precios a personas como Manuel Cruzat y Javier Vial. El punto fue que no midieron las consecuencias políticas de lo que estaban haciendo.

Auge a fines del 70: "puras ilusiones".

-¿Cómo caracterizaría usted al Chile de hace 30 años atrás?

- Chile entre 1973 y 1983 vivió en una fase de crisis económica permanente, con altos índices de cesantía y desocupación. La transformación de la economía de un capitalismo de Estado a una economía privada de mercado tuvo costos enormes.

-¿O sea que a fines de los 70 se vivía en una especie de espejismo, pues la mayoría sí creía que el país vivía un apogeo económico?

- Efectivamente, enfrentábamos un periodo de vulnerabilidad e inestabilidad tremendo; todo lo demás eran puras ilusiones.

- En el libro plantea la influencia política que tenían estos grandes grupos económicos, ¿cómo la ejercían?

- Ejercían la influencia entre bastidores, todo se hacía entre cuatro paredes. No tengo información minuciosa de cómo lograban presionar, pero al final del día la influencia se ejerce siempre de las mismas maneras: a través del lobby gremial; de artículos de prensa favorables a sus intereses, etc. En todo caso, es legítimo querer influir sobre el gobierno, lo que pasa es que hay que garantizar cierto equilibrio entre los distintos poderes o actores sociales. Aquí un poder, el económico, prácticamente no tenía contrapeso.

-¿Qué medidas en concreto tomó el gobierno tendientes a consolidar el poder e influencia de estos grupos?

- Existe un ejemplo bastante concreto: la fijación del tipo de cambio a $ 39. El mantenimiento prolongado de este tipo de cambio favorecía a Manuel Cruzat, a Javier Vial y a Agustín Edwards: los grandes grupos que estaban endeudados en dólares. Los otros -como el grupo Matte, Angelini y Luksic- empujaban en pos de la devaluación. Ahí hubo una pugna muy importante que terminó con la intervención de los grupos financieros y con la devaluación.

- Del libro surge que estos grupos no necesariamente acaparaban la riqueza del país, como indica el título, sino que sustentaban su poder en la amplia posesión de activos.

- Es cierto, los que quebraron sustentaban su poder en la deuda, pero hubo quienes se salvaron como Anacleto Angelini, los Matte, Andrónico Luksic y otros que no tenían mayor nivel de endeudamiento y tenían capitales.

Las reacciones.

-Usted menciona en el prólogo que uno de los mayores obstáculos que enfrentó durante la investigación fue el difícil acceso a las fuentes y la falta de transparencia.

-Estamos hablando de cero transparencia en las empresas, todo era secreto. Las fuentes de información mías fueron la Superintendencia de Sociedades Anónimas; la Superintendencia de Seguros; la Controladora de Bienes Raíces, pero incluso en esas instituciones era difícil acceder a la información.

"Durante el proceso de privatizaciones de los 70 hubo poco interés de la clase empresarial tradicional por quedarse con las empresas que estaban en manos del Fisco -la mayoría quebradas-. Por eso el Estado asignó las empresas a muy bajos precios. No midieron las consecuencias políticas de lo que estaban haciendo".-¿Cuánto demoró en hacer su investigación?

- Seis meses más o menos, porque recibí la ayuda de muchos voluntarios.

-¿Recibió ayuda también de ejecutivos que trabajaban al interior de estos grupos económicos?

- No de ningún grupo económico y de ningún ejecutivo. Si bien tenía amigos trabajando en el grupo Cruzat-Larraín, por ejemplo, por razones éticas no obtuve ningún tipo de información a través de ese canal.

-¿Qué tipo de reacciones generó en la opinión pública su libro?

- Hubo una aceptación mayoritaria de los hechos expuestos por el libro, sobre todo en los sectores de izquierda. Pero también hubo acogida dentro de los sectores empresariales de derecha. Incluso ideólogos vinculados al militarismo estuvieron de acuerdo con la crítica general que yo expuse.

-¿Y qué reacción tuvo el gobierno?

- En el gobierno no gustó. De hecho trataron de amedrentarme y entraron a mi casa, nunca se supo quiénes fueron los responsables, pero había ciertos indicios de que fueron agentes del régimen. Además, me llamó el rector de la UC, Jorge Swett -yo era profesor en Economía y Sociología-, y me hizo notar que en el gobierno había profundo malestar por la publicación.

-¿Pensó que causaría tanto furor el libro entre los distintos actores sociales, incluso entre la derecha?

- La derecha económica chilena en general ha sido bastante austera a lo largo de la historia. De repente se encontró con dos grupos gigantescos que controlaban gran parte de las empresas… quedaron muy impactados. Pienso que de ese modo se explica la aceptación que tuvo la obra.

Revisa aquí el Grado de concentración del poder de las empresas en 1978

Revisa aquí el listado de empresas del Grupo Cruzat-Larraín en 1978

Fuente: Revista Que Pasa.
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