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Gabriela Mistral

martes, 15 de julio de 2008

Claudio Bunster, contra el establishment académico: Las universidades chilenas son "pequeñas URSS".


En un perfil publicado por la prestigiosa revista de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, el físico chileno hace reveladoras afirmaciones y cuenta detalles desconocidos de su trayectoria.

"En la vida y en el trabajo, Claudio Bunster prefiere los desafíos extremos..."

Con esas palabras, el Proceedings of the National Academy of Sciences, órgano de la Academia Nacional de Ciencias de Estados Unidos, una de las revistas científicas más importantes del mundo, inicia en su número de julio un extenso artículo con el perfil del físico chileno. La revista detalla la vida de Bunster -elegido miembro de la Academia en 2005- y destaca varios de sus hitos, como haber retornado al país en pleno régimen militar, haber creado un centro de investigaciones independiente del sistema universitario formal o haber sido integrante de la Mesa de Diálogo durante el gobierno de Eduardo Frei (ver recuadro). Ello, además de incluir revelaciones como la de que, cuando estaba en el colegio, "mis profesores eran extremadamente aburridos".

De hecho, cuenta que sus primeros conocimientos en física los obtuvo de modo autodidacta y, si se interesó en esa ciencia, fue al principio simplemente porque le gustaba la palabra: "había algo mágico en la forma en que «física» salía de la lengua", señala el artículo.

Luego, al entrar a la Universidad de Chile, en 1965, se incorporó al innovador Instituto de Ciencias, definido en la revista como "una rareza en el sistema universitario chileno". Y en este punto el propio Bunster desliza una dura crítica a la forma en que dicho sistema operaba en el pasado y lo sigue haciendo ahora, afirmando que los planteles en nuestro país son "pequeñas uniones soviéticas": burocracias inflexibles que nunca toman riesgos.

Princeton y la dupla Teitelboim-Rege

El artículo relata el particular modo en que el científico llegó a estudiar a la Universidad de Princeton. Fascinado con el trabajo del legendario físico John Wheeler, leyendo uno de sus papers, vio una nota a pie de página en que se mencionaba al matemático francés André Avez. Justo en esa época este último realizó una visita a Chile y Bunster -a través de su profesor de matemáticas- logró juntarse con él. Compartieron un almuerzo y hablaron por horas. Ya al término de la conversación, Avez le dijo: "Voy a escribir en nombre suyo a Princeton. La comida nunca será tan buena como en Chile, pero usted aprenderá las mejores matemáticas y física del mundo". Semanas más tarde, recibió una carta del propio Wheeler contándole que había solicitado a la Escuela de Graduados que le enviara a Bunster un formulario de postulación.

En el plantel no sólo haría estudios de doctorado y post doctorado, sino que desarrollaría importantes investigaciones. A propósito de eso, la revista -que no profundiza en el episodio del cambio de nombre de Bunster, y se limita a señalar que hasta 2005, cuando descubrió la identidad de su padre biológico, él era conocido como Claudio Teitelboim- cuenta que en Princeton él realizó un productivo trabajo con el italiano Tullio Regge, al punto que muchos términos usados en el campo de la gravedad cuántica siguen aludiendo a la dupla: el "modelo Regge-Teitelboim", las "ecuaciones Regge-Teitelboim", etc.

"Una luz en medio de la oscuridad"

Bunster también revela sus sentimientos frente al golpe de 1973, que describe como "el fin de una ilusión", momento vivido con impotencia en el extranjero.

Pese a ello y a ser un opositor a Pinochet, en pleno régimen militar decidió crear (con financiamiento de la Fundación Tinker) el Centro de Estudios Científicos de Santiago, y finalmente establecerse en Chile. "Yo sentí que precisamente en ese tiempo podía ser más útil tener un lugar independiente, donde académicos de todo el mundo pudieran venir y traer alguna luz en medio de la oscuridad", asegura.

En los inicios del centro, agrega, "uno podía sentir la presencia de agentes del gobierno merodeando", aunque eran tolerados por el régimen, al carecer de una agenda política. "Había amenazas telefónicas, pero en tales tiempos eso era maní (peanuts)", dice.

"En tres años quemamos el presupuesto de seis"

Al hablar de las características del CECS, el artículo las resume indicando que su lema es una frase del capitán Cook: "si quieres hacer un descubrimiento, escoge un barco de pequeño calado". Es que, según Bunster, las naves chicas son fáciles de maniobrar para lanzarse en una aventura. En cambio, señala, "las universidades chilenas no son barcos de pequeño calado".

Acorde a esa filosofía, explica la orientación estratégica del trabajo:

-En vez de escoger campos de investigación , el foco se puso en encontrar gente de primer nivel que estuviera deseosa de tomar riesgos y abrir nuevos caminos.

El físico sostiene que el traslado del centro a Valdivia, a partir del 2000, fue un cambio "revolucionario" en un país marcado por el centralismo. Una aventura que, sostiene, ha funcionado bien: el artículo da cuenta de cómo los investigadores se sienten "jubilosos" de trabajar con amplia libertad, aunque la entidad no disponga de una fuente de financiamiento permanente. Incluso, el mismo Bunster revela que "nosotros teníamos un presupuesto para seis años que quemamos en tres, porque en ese lapso hicimos todo el trabajo que se había planeado para seis... la vida es demasiado corta. Así que ahora estoy tratando de mantener el barco en movimiento".

Lección de mecánica cuántica en la Mesa de Diálogo

El artículo da cuenta de la trayectoria política de Bunster, incluyendo su labor de asesor científico en el gobierno de Frei e impulsor del programa «cátedras presidenciales», que entregaba recursos para investigadores destacados. Pero también se destaca su papel en la Mesa de Diálogo sobre derechos humanos. Según relata él mismo, cuando se creó esa instancia "yo era uno de los pocos que, no habiendo sido partidario del gobierno de Pinochet, tenía una relación de mutua confianza y respeto con los militares", construida a través de la colaboración en expediciones científicas en el campo de la glaciología.

Luego cuenta una anécdota sobre su labor en la Mesa. Llevaban días debatiendo el tema de "si se debía escarbar en las brutalidades del pasado o, sin ignorarlas, centrarse en mostrar un camino hacia el futuro". Entonces, instando a alcanzar una decisión, el físico le dijo al resto: "en mecánica cuántica, un fotón no tiene realidad ni sentido hasta que es emitido por un átomo". Acto seguido, se paró un general y dijo que su rama de las Fuerzas Armadas adhería a la teoría cuántica. "Eso fue muy importante, porque él estaba en el otro lado", dice Bunster, destacando el espíritu de acuerdo que finalmente prevaleció en el grupo.

Fuente: La Segunda.
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