BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

lunes, 28 de julio de 2008

Gabriel de Pujadas H. - LA EDUCACIÓN DEL ESPÍRITU.

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¿Es posible la restitución de una educación que considere la formación del espíritu, como eje central del desarrollo humano? Nada más pasado de moda, ni nada más premoderno que hablar sobre la formación del espíritu en educación.

Hoy, en algunas instituciones escolares casi llega a ser una insolencia hablar de formación espiritual, en este mundo donde los valores están trastocados y en donde se valoriza mucho más una buena camisa, un buen auto, las marcas de nuestras ropas, el consumo masivo, la comida chatarra, las apariencias, los proyectos sin sentido, el hacer por el hacer, el hedonismo, el alcanzar éxitos, y muchas otras cuestiones que están muy alejadas de lo que conocíamos como "vida espiritual". Hoy, sin duda, en muchos colegios es más importante que el alumno aprenda mucho "inglés" y mucha "computación" por sobre la formación de valores humanos, simplemente humanos, que permitan hacer de la formación de nuestros alumnos un proceso integral de búsqueda de los equilibrios necesarios para una adecuada y sana formación de si mismos como personas.

Mucho inglés, piensan algunos padres, para que sus hijos o hijas se sepan desenvolver con comodidad en el mundo de los negocios o en el peor de los casos, para que sepan descifrar los instructivos tecnológicos de las máquinas y herramientas que importamos de otras latitudes. Hoy el inglés, como el francés lo fue ayer, es visto como una herramienta para desenvolverse con comodidad en el mundo, sin la cual es casi imposible "triunfar" y "tener éxito".

También mucha computación, para que sus hijos sepan adentrarse en estos nuevos mundos de la información, sin la cual, creen los padres, no podrán estar al día, no podrán obtener la felicidad y serán unos analfabetos en un mundo que se mueve al ritmo de la Internet u otras redes informáticas. No importa que el niño no sepa clasificar, sintetizar, analizar, describir, ordenar, darle sentido a la información; lo importante es que tenga acceso a ésta y por supuesto a los juegos, con los cuales los mantienen fijos e idiotizados frente a la pantalla del ordenador, para que se "entretengan" y los dejen un momento en paz al regreso de sus trabajos. Por lo mismo, cuando se observan estas situaciones, uno se pregunta .. ¿es posible la restitución de una educación que considere la formación del espíritu, como eje central del desarrollo humano? La respuesta a esta interrogante tiene que ver mucho con la perspectiva en la cual nos pongamos en relación al crecimiento humano y cual es el rol de los profesores en esta tarea. De partida, es posible pensar que los profesores pueden llegar a ser buenos educadores, ya sea esto por una muy buena formación profesional y técnica o por una inclinación y gusto de vida que los hace acercarse a los otros, como podrían acercarse también a la naturaleza o la historia, a la mecánica o a los animales.

Para todos estos tipos de profesores existen variedades de alumnos, que los pueden considerar, además, buenos educadores para ellos, sin importar mucho cuales sean las motivaciones más profundas que esos profesores tengan para dedicarse a la tarea de enseñar. Nosotros, sin embargo, pensamos que la tarea
de la formación del espíritu del niño y del joven implica de parte del profesor y de la institución escolar una profunda vocación de servicio y respeto por la naturaleza humana y su crecimiento. En otras palabras, implica
una profunda vocación pedagógica y educativa. Implica que en el corazón y en la inteligencia del profesor exista la necesidad y aspiración de ser maestro, es decir, ser un acompañante del otro en el camino de hacer su vida, mientras al mismo tiempo se exige a sí mismo un desarrollo pleno de todo su potencial humano. Nada más exigente, por lo mismo, que ser un educador, pues sólo de esta manera, conectado con su propio ser y hacer, puede ayudar al otro a conquistar los aspectos más sublimes de su persona, es decir, conquistar su espíritu. ¿Estamos preparados los profesores para ser educadores y maestros, que ayuden a la construcción de las bases de la existencia de sus alumnos, especialmente en uno de los aspectos hoy más olvidados, como lo es la vida del espíritu?

Pensamos que no lo estamos, pues el tiempo que nos toca vivir a todos nosotros es un tiempo que ha relegado la vida del espíritu a un tercer o cuarto plano. Nos podemos imaginar a aquellos que abrazan la vida religiosa o pedagógica, la vida del arte o la literatura y surgen de inmediato imágenes de incomprensión cuando la religiosidad, la pedagogía, el arte y la literatura son genuinas y van muchas veces en contra de lo establecido, es decir, van en contra del individualismo y el pragmatismo imperante. Por eso es difícil retomar una educación del espíritu. No sólo porque faltan profesores que sean educadores, sino porque fallan las condicionantes mismas de la vida social y cultural que permitan vislumbrar rayos de luz y de espíritu en un mundo que se desgasta, estúpidamente, en los simples hechos, sin encontrarles sentido ni sentido ni trascendencia.
Por Gabriel de Pujadas Hermosilla

Educador y Sociólogo. Asesor Académico Instituto Jorge Ahumada
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