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Gabriela Mistral

sábado, 17 de mayo de 2008

Chile: ¿una democracia en apuros?


Encuesta representativa del feeling ciudadano entrega indicios preocupantes de la salud de la democracia chilena. Además, respecto a los temas del debate actual, una alta mayoría (78%) cree que el voto debe ser voluntario, pero el escenario está polarizado respecto a la inscripción automática. Un 82% se opone a financiar a los partidos con platas públicas, como pretende el gobierno.
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No se trata de que la Concertación lo haga mejor que la derecha. Ni a la inversa. El problema de la democracia chilena bien se podría hablar del “desencanto” justo a veinte años de la vibrante campaña del No a la reproducción de la dictadura- cruza de modo transversal al funcionamiento del sistema de partidos y de elecciones.

De este modo, cada uno de los grandes bloques tendría datos para celebrar y otros para cubrir debajo de la alfombra a partir de una amplia encuesta de opinión pública conocida ayer.

La investigación fue conducida de acuerdo con la metodología del liberal Centro de Estudios Públicos (CEP), pero corresponde a un proyecto de modernización del régimen electoral donde intervienen el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), el Instituto Libertad y Desarrollo, ligado a la derecha, y otros dos think tanks de la cultura concertacionista: Cieplan y ProyectAmérica.

La particularidad del sondeo es que su cobertura es nacional, su técnica es probabilística se aplicó a 1.505 personas- y su margen de error es de más o menos 3%. Esto lo hace altamente representativo del feeling ciudadano. Y éste entrega indicios preocupantes.

Quizás lo más inquietante -por lo menos así ha salido destacado al exterior a través de las agencias- es que sólo 45% cree que la democracia “es preferible a cualquier otra forma de gobierno” y 29% sostiene que a la gente “le da lo mismo” un modelo autoritario que uno democrático. Además, 18% afirma que en algunas circunstancias un gobierno autoritario puede ser preferible a uno democrático (en 2007 Latinobarómetro detectó que el promedio latinoamericano de apoyo a la democracia es de 54%, destacando Uruguay, Argentina y Costa Rica como las naciones donde ese guarismo es más alto).

Al desagregar las cifras, en el espacio de quienes se definen derecha/centroderecha, el respaldo a la democracia cae a apenas 33%. En el centro sube a 48%, en la izquierda/centroizquierda a 65% y en los independientes también está bajo el promedio y se ubica en 40%.

Las notas

Esto se relaciona con que en una escala de uno a diez (donde diez es el máximo de democracia posible), la gente percibe que hoy, con nota 5,16, hay más democracia que hace diez años, nota 4,7, pero hay una imagen baja acerca de cómo era el país antes del golpe de Estado, ya que la nota para ese período es de 3,88. Respecto del futuro, a diez años plazo, la calificación sube a 6,07. Esto refleja sólo una expectativa moderada respecto de la democratización posible.

En una secuencia también de uno a diez, donde diez es más identificación con la derecha y uno con la izquierda, el promedio claramente se sitúa al centro, con una nota de 5,45. El 30% se ubica en el número cinco. Respecto de este promedio, sin embargo, la Concertación es apreciada más próxima al centro, con una nota 4,39, que la Alianza, que escora a la derecha con una nota 7,49.

Asimismo, 57% señala que en Chile la democracia funciona en términos regulares y sólo 15% responde que bien o muy bien. Uno de cada cuatro chilenos (24%) contesta que la democracia opera mal o muy mal (incluso 31% “desaprueba” que las personas trabajen en campañas electorales y 33% también es crítica de la participación en organizaciones o partidos, en una consulta donde más de 80% se opone a métodos de desorden o violencia callejera para satisfacer demandas).

En la línea de muchas otras encuestas, los partidos (6%), el Congreso (16%) y los tribunales de justicia (18%) son las instituciones con menos confianza ciudadana. Los mejor situados son: Carabineros (57%), Fuerzas Armadas (51%), radios (48%), Iglesia Católica (48%) y la televisión (34%). A los diarios no les va bien en esta escala: tienen 28% de confianza y 71% de desconfianza.

Al clasificar los partidos y coaliciones no se pueden establecer “buenos” o “malos”. La Concertación tiene 14% de confianza y la Alianza 12% (Juntos Podemos registra 6%). Los cinco partidos grandes (UDI, RN, DC, PPD y PS) se mueven entre 11% y 14%.

Una buena noticia es que 94% de los encuestados niega haber pagado alguna vez una coima para conseguir un favor en un servicio público (en diciembre de 2006 ese indicador alcanzaba a 88% y en diciembre de 2002 a 87%).

Identificación política

Respecto de la anterior medición del CEP, correspondiente a noviembre-diciembre de 2007, no hay diferencias relevantes: 53% no se identifica con ningún partido (52% en la anterior muestra). En términos de partidos, la DC tiene 9%; el PS, 8%; RN, 8%; PPD, 6%; UDI, 5% y PC, 2%. Ninguno de ellos ha experimentado un salto brusco (se mantienen o cambian apenas en un punto).

La Concertación, a partir de junio-julio de 2006, experimenta una caída en identificación, desde 32% a 25%, pero la Alianza no suma: de cinco encuestas, en cuatro marcó 16% de identificación. La ganancia va para la categoría “ninguna identificación con un pacto”, que con 49% llega a su cota más alta.

La encuesta detectó una alta mayoría, de 78%, que cree que el voto debe ser voluntario, lo que implica un alza en relación a sondeos previos de 2004 y 2001. Entre los independientes, esta posición asciende a 82% y entre los jóvenes oscila entre 83% y 84%.

En otra materia que ha estado en el debate de los últimos días, la inscripción automática a los 18 años, el escenario está polarizado: 47% está de acuerdo con ese sistema, pero 52% lo rechaza. De nuevo, los jóvenes son los más opuestos, con un 70% entre 18 y 24 años.

Una explicación posible es que hasta ahora la asociación en la opinión pública es que la inscripción automática conllevaría la obligación de votar, que es la línea dominante en la Concertación y que la mayoría parece no compartir. No es simétrico en la derecha, donde hay dos variantes: el piñerismo quiere inscripción automática y voto voluntario y la UDI defiende el sistema actual, donde la inscripción es libre, pero no el sufragio.

Una mayoría significativa, 62%, cree que los chilenos que viven en el extranjero deberían poder votar en elecciones presidenciales (en esto coinciden la Concertación y el piñerismo). Con todo, es alto, 35%, el porcentaje que rechaza otorgar ese derecho y que es la posición unánime de la UDI y de la mayoría de RN, a lo menos en sus expresiones parlamentarias.

Sistema electoral

El sistema electoral también es controversial, ya que 46% cree que en “lo esencial” debería cambiar completamente, pero 42% sostiene que debería mantenerse con un aumento a 12% de quienes no saben o no contestan.

Frente a la regla específica del binominalismo, los encuestados se dividieron en cuatro partes en la práctica iguales: 25% prefiere mantenerlo, 24% quiere hacerle modificaciones, 25% apunta a transformarlo por entero y 26% no sabe o no contesta.

Donde el Gobierno tendrá que trabajar duro es en hacer digerible una ley de financiación regular de los partidos proyecto que acaba de ser enviado al Congreso-, ya que 82% se opone a ello y sólo 13% está de acuerdo.

El ministro portavoz, Francisco Vidal, afirmó que entiende el rechazo a la propuesta, porque además la ciudadanía “lamentablemente” está alejada de los partidos, pero subrayó que “cuando uno gobierna, no todas las cosas tienen que ser del gusto, porque uno tiene tareas de Estado de largo plazo”.

“Si no financiamos a los partidos políticos en su funcionamiento habitual, lo que ocurre en consecuencia es que quien manda el partido es el que tiene la chequera más grande y eso no es bueno”, señaló Vidal.

A la inversa, la UDI encontró en el sondeo buenas razones para confirmar su rechazo a dotar de recursos a los partidos y oponerse a facilitar la expansión del padrón electoral. Así se desprendió, a los menos, de las declaraciones del senador Jovino Novoa. “A mí me parece que el sistema electoral chileno, tradicionalmente ha funcionado muy bien, es un sistema que da garantías a la gente y destruir los registros electorales y pasar a una inscripción que no va a ser automática, que la va a manejar el Gobierno, el Registro Civil o el Ministerio del Interior, me parece un paso absolutamente innecesario”, dijo el ex presidente gremialista.
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Fuente: La Nacion.
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