BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

miércoles, 7 de mayo de 2008

CORREGIR EL MODELO ECONOMICO SOCIAL EN ACTUAL APLICACION - HERNAN BOSSELIN CORREA, Abogado.

Desde hace algún tiempo se viene escuchando la necesidad de introducir importantes modificaciones en el modelo económico social en actual aplicación. Las razones que han llevado a muchos de nosotros a pensar en tal sentido se fundan en la circunstancia que el crecimiento de la economía experimentado durante los últimos 15 años permite afirmar sin temor a equivocarse que es completamente imposible que nuestro país se ubique entre las naciones desarrolladas dentro de los próximos 30 o 40 años. Muy por el contrario, si se mantiene el ritmo de crecimiento a tasas de 4% o 5%, aproximadamente en 35 años más podríamos estar cerca de la situación actual de Portugal. Si no alcanzamos crecimientos que superen el 6% y bordeen el 7%, cuando nos encontremos en el tricentenario –no en el bicentenario-, nos hallaremos muy lejos del desarrollo de Estados Unidos de Norteamérica o de las naciones desarrolladas de Europa.

Agrava lo anterior que la mantención del actual estado de cosas permite perpetuar la regresiva distribución de la renta nacional, la que se efectúa en forma extraordinariamente desigual. Todos los indicadores señalan que el modelo económico que la Concertación ha estado aplicando, desde 1990 hasta la fecha, si bien ha logrado disminuir las tasas de pobreza y de pobreza extrema, ha mantenido y según algunos estudios aumentado levemente los niveles de desigualdad en la distribución de la renta, en términos tales que tenemos un número reducido de personas que ciertamente tienen niveles de ingreso iguales a los de los países desarrollados, lo que todos podemos comprobar a diario al observar, por ejemplo, en la ciudad de Santiago, que perfectamente se pueden dividir en una basta zona donde habitan los sectores medios y trabajadores y un reducido extremo en el cual se construyen grandes edificaciones extraordinariamente lujosas que revelan un nivel de ingresos que los sectores medios de nuestra sociedad, no alcanzarán ni siquiera después de varias generaciones. Últimamente se han publicado las estadísticas respecto de las utilidades y estados financieros de las principales sociedades anónimas del país, cuyas acciones se cotizan en la Bolsa de Comercio. Un dato importante, respecto de tales sociedades anónimas, se extrae si se observa la composición accionaria de las mismas y es que no más de doce personas, en cada una de estas sociedades, tienen aproximadamente el 75% o el 80% de las acciones de las mismas. Más aún, la cantidad de acciones que se transan, compran o venden en la Bolsa, no superan el 30% del total de cada sociedad, ya que el 70% nunca llega a flotar o a ser transado en tal comercio por cuanto pertenece a los grupos controladores.

Cada vez que se plantea lo anterior en el debate nacional, han surgido otras opiniones que sostienen que el modelo es así: con grandes desniveles en la distribución de la riqueza nacional y con una poderosas tendencia hacia la concentración económica y financiera; más aún, se afirma que la globalización de la economía a la cual nos hemos incorporado de lleno tiene precisamente dichas características y si deseamos llegar alguna vez a ser un país desarrollado, necesariamente estaríamos obligados a aceptar estas características del modelo en aplicación. A dicho modelo sólo se podrían introducir correcciones desde el punto de vista de la equidad, a través de políticas públicas destinadas a asumir tareas de asistencia social, como sucede con los programas de empleos que han permitido encubrir las tasas de desempleo que verdaderamente ascienden al 10%.

Tal forma de razonar que encuentra sostenedores en los partidos de la Concertación, los que han expresado a través de sus dirigentes su rechazo a la proposición de introducir rectificaciones efectivas al modelo económico, tiende a crear cada vez más desaliento en quienes nos formamos en las convicciones del humanismo cristiano: éste en su expresión social y económica siempre lo entendimos como un intento de construir una sociedad diferente a la meramente capitalista, neoliberal e individualista. En la raíz fundacional del Humanismo Cristiano se encuentra la afirmación de que debemos acercarnos a un ideal histórico concreto que refleje los principios de solidaridad y comunidad. Tales valores se encuentran en las antípodas de los que sirven de base al modelo económico social que se ha aceptado como algo inmodificable y menos susceptible de ser analizado para buscar la manera de introducirle rectificaciones significativas, no para disminuir o detener el crecimiento económico, sino que por el contrario para que esta alcance tasas superiores al 6% y cercanas al 7%, en términos tales que aumentando la riqueza del país podamos producir al mismo tiempo una forma de distribuirla acorde con los criterios que se vienen sustentando. Para que haya efectivamente igualdad de oportunidades en la sociedad chilena, el país debe crecer más; se deben destinar mayores cantidades de recurso a la educación, a la investigación y a la innovación. Se debe producir un verdadero cambio en el modelo educacional para poder competir en la sociedad moderna y participar en el mercado al cual se pueda acceder de más de tres mil millones de personas. Cuando se inició la discusión sobre la nueva Ley de Presupuesto, fuimos partidarios de que estas materias fueran colocadas en la agenda política como una preocupación preferente. Valoramos la mantención de los grandes equilibrios macro económicos, pero pensamos que la capacidad de crear los estímulos necesarios para aumentar la inversión, la productividad y la competitividad, no ha marchado junto con las afirmaciones tan dogmáticas que algunos sostienen en el ámbito de las finanzas públicas. El gran desafío que tenemos es proponer con seriedad y en forma fundada las rectificaciones necesarias para crecer a un ritmo que nos acerque más rápidamente a la calidad de país desarrollado, con tasas de inversión y ahorro significativas y con una distribución de la riqueza o renta nacional que no constituyan un desconocimiento del principio fundamental de que todos formamos parte de una misma sociedad y que por ende debemos ser efectivamente solidarios. Los paradigmas que se están aplicando en materias económicas, sociales y culturales en nuestro país, se encuentran agotados: la prueba evidente de ello han sido los movimientos estudiantiles que revelaron un malestar en nuestro país, no sólo en los jóvenes y adolescentes, sino que principalmente en los miles de padres y madres que han tomado conciencia que la estructura social que hemos estado consolidando no conduce a que las nuevas generaciones puedan alcanzar efectivamente estándares más elevados.

En las generaciones que nacen a la vida política en la década del sesenta, fueron gravitantes dos clásicos: EN VEZ DE LA MISERIA, de Jorge Ahumada y CHILE, UN CASO DE DESARROLLO FRUSTRADO, de Aníbal Pinto. Por cierto que en el tiempo presente no se dan los niveles de pobreza de aquellos tiempos y se ha avanzado significativamente en el desarrollo económico social y cultural, en forma tal que, a nuestro modo de entender, están dadas todas las condiciones para dar un gran salto adelante y llegar a ser efectivamente un país desarrollado con un ingreso per cápita cercano a los veinte mil dólares. El entorno internacional es ampliamente favorable, los equilibrios macroeconómicos se han mantenido con extraordinaria seriedad, sin embargo, observamos cada vez con mayor preocupación que el país se detiene, los niveles de inversión son bajos, la distribución de la riqueza es cada vez más desigual, la concentración económica es cada vez más intensa y explosiva; surgen diversos conflictos sociales, una ola de pesimismo afecta a una parte importante del país, los estudiantes se revelan, se observan alteraciones importantes del orden público que van más allá de lo meramente policial. Por otro lado, en los partidos políticos afloran los intereses particulares y diversos dirigentes, que se consideran besados por los dioses, se autoproclaman como candidatos a la Presidencia, sin reflexionar en que sólo el 11 de Marzo ha comenzado un nuevo Gobierno. Las coaliciones o alianzas políticas funcionan defectuosamente. No se observan liderazgos políticos sustentados en proyectos de país que efectivamente convoquen a las grandes mayorías; todo pareciera seguir el ritmo bullanguero de la farándula. Mientras tanto muchos sentimos el temor que en lugar de dar el gran salto hacia adelante, estamos construyendo un nuevo caso de desarrollo frustrado, con problemas sociales y culturales que anuncian graves y severos conflictos. La pérdida de sentido se observa en diversas materias y las personas tienden a encerrarse cada vez más en un individualismo exagerado, por cuanto la solidaridad disminuye y cada cual tiende a arreglarse como mejor le convenga.

Quienes cumplen labores de orden político o de formadores de la opinión pública deben analizar los paradigmas a los cuales se aferran nuestros economistas y expertos en finanzas públicas y hacer la misma reflexión que con singular fuerza hizo Albert Einstein al expresar que en definitiva las diversas teorías que se van construyendo para explicar la realidad no pasan de ser teorías, que conforme van variando los tiempos, las observaciones o los conceptos, pueden perfectamente ser modificadas por nuevas y más sabias teorías. Tal afirmación hecha en el ámbito de la física teórica, cobra mayor fuerza en el ámbito económico y social; los economistas y los políticos deben cuestionar sus propios paradigmas y abrirse a pensar nuevas fórmulas que permitan efectivamente avanzar, sin detenerse en dogmas económicos o financieros. Debe darse un golpe de timón muy fuerte en la economía y para ello se requiere liderazgo. Se necesita un gabinete en el Gobierno de la señora Bachelet que efectivamente proyecte una conducción política coherente con los requerimientos y urgencias del tiempo presente. La inmovilidad, el conformismo o la irresponsabilidad no pueden marcar, una vez más, el ritmo y el sentido de la política chilena.

No se trata de cambiar el modelo de economía social de mercado, como algunos dicen, sino lo que hay que hacer es que efectivamente el modelo funcione como una economía social de mercado, con la solidaridad que le es propia a ésta y no como una economía ultra liberal e individualista del mercado como ha sido entendida por algunos sectores, no sólo de la derecha política, sino que incluso del mundo socialista que entienden que lo que se debe hacer es una especie de social liberalismo, individualista, donde el placer y el individualismo predominan, lo que ha quedado expresado en el debate que se ha efectuado últimamente sobre la píldora del día después. Tales sectores la han pretendido justificar amparándose en una supuesta libertad que debiera otorgarse a la juventud para alcanzar un placer ilimitado. Otros, sin embargo, desde la perspectiva personalista y comunitaria del humanismo cristiano pensamos que el gran desafío que tenemos es construir una sociedad solidaria, con un efectivo y real crecimiento económico y con una cada vez más justa distribución de la riqueza. Tales objetivos no son incompatibles entre sí, sino que muy por el contrario se potencian recíprocamente.

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