BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

jueves, 29 de mayo de 2008

Hernan Bosselin Correa: “Utiliza la verdad como si fuera tu Yunque”.


“Utiliza la verdad como si fuera tu yunque, a la no violencia como tu martillo, y todo lo que no resista la prueba cuando sea llevada al yunque de la verdad y sea percutido por la no violencia, recházalo”
(GHANDI).

Santiago, Mayo de 2008.

Hernán Bosselin Correa

En la actividad política existe una práctica, cuya existencia pocos podrán negar: en privado, en las conversaciones más personales, entre amigos y amigas, camaradas, compañeros, correligionarios o conciudadanos, se afirman cosas sobre las situaciones políticas que, públicamente se teme decir; o, que cuando se acude a los medios de comunicación, en entrevistas de prensa o en programas de televisión, se sostienen afirmaciones muy distintas de aquellas que privadamente se dijeron. Tales conductas pasan desapercibidas para la mayoría de la ciudadanía. El público, el pueblo, cree que las opiniones expresadas en tales medios de comunicación, en los espacios públicos, son representativas de los que las personas están efectivamente pensando. El pueblo no conoce ni sabe que lo que en los diálogos públicos se afirma por los políticos y las políticas, muchas veces no es lo que ellos están efectivamente pensando. En los diálogos privados se dicen verdades, se expresan juicios muy críticos sobre la vida política y/o sobre la situación general del país, se reconocen las faltas, desviaciones, inconductas o graves omisiones, como igualmente los actos de irresponsabilidades. Sin embargo, cuando esos mismos actores, o actrices de la política, son entrevistados afirman los juicios “oficiales”, los de sus respectivos partidos, alianzas, concertaciones o combinaciones políticas. El diálogo político público, es un diálogo de verdades “oficiales”.

Por lo anterior, es bueno recordar a quienes en otros tiempos, y en circunstancias muy distintas a las nuestras, siguieron un camino diferente, entre éstos se encuentra Ghandi, nacido el 2 de Octubre de 1869: Este en su tarea moral e histórica de lograr la independencia de India, señaló el camino de la verdad y la fortaleza de la misma: Satyagraha. Verdad (satya), que implica amor, y firmeza (agraha), confluyen y por lo tanto sirven como sinónimos de fortaleza.

Difícil resulta investigar por qué en público se sostienen, verdades “oficiales”, y en privado, “verdades “verdaderas”.

Una de las explicaciones posibles podría ser extraída del pensamiento de Víctor Frankl, quien en su obra “El Hombre Incondicionado”, hoy diríamos la persona incondicionada, para incluir siempre a los hombres y mujeres, sostuvo:

“El hombre incondicionado es, ante todo, el hombre que, en todas las condiciones, aunque fueran las más desfavorables e indignas se mantiene como hombre”
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Este párrafo que hemos citado lo hemos encontrado en una interesante clase del sociólogo Darío Rodríguez, publicada el 27 de Mayo de 2008, en el diario El Mercurio de Santiago. Rodríguez, a mi modo de entender, con mucha sabiduría, comenta sobre el pensamiento de Frankl:

“Esta poderosa afirmación descansa en la libertad espiritual, que permite al ser humano elevarse por encima de cualquier condición física. El hombre incondicionado conoce su libertad y le otorga tanto valor, que no se deja condicionar por esos factores externos limitantes … el peligro de la pérdida de sentido, entonces, radica en haberse dejado condicionar, en aceptar que factores externos limiten la propia libertad, al punto que sin ellos nada parece tener sentido”.

En los partidos políticos y en las diversas combinaciones que éstos forman, muy especialmente cuando se asumen gobiernos, es de la más alta importancia que los miembros de esos partidos o concertaciones o alianzas políticas, conserven siempre un gran espacio para la libertad espiritual, para así no estar condicionado por factores externos, por el cargo específico que se estuviera desempeñando, por la asesoría para la cual se hubiere sido contratado o, en definitiva para no estar condicionado por la necesidad de mantener el empleo en la administración pública, central o descentralizada.

Estamos ciertos que lo anterior es muy difícil de hacer. Las necesidades materiales son urgentes y hay que satisfacerlas y cuando no se encuentra trabajo en otros lugares, existe por cierto legitimidad moral para guardar silencio, ya que a nadie se le puede exigir la obligación de actos heroicos. A veces no queda otra alternativa que callar. Es muy difícil sobreponerse a tales circunstancias. Con todo cuando se pertenece con grandes grados de convicción a partidos políticos fundados originalmente en principios y valores, humanistas, cristianos o laicos, siempre quedan energías morales para sobreponerse a los condicionamientos externos y para no aceptar, como dice Darío Rodríguez, que factores externos limiten la propia libertad, al punto que sin ellos nada parece tener sentido.

Sería conveniente que en el mundo político, en los partidos políticos, en las combinaciones diversas de gobierno, en la administración del Estado y también en el sector privado, rigiera siempre la regla de oro que señalaba Ghandi:

La regla de oro de nuestra conducta es la tolerancia mutua. En efecto, resulta evidente que jamás tendremos todos la misma opinión y que la verdad se nos presentará de modo fragmentario según sus distintos aspectos. La consciencia no nos habla a todos de manera idéntica. Sin duda, es una excelente guía para cada uno. Pero querer imponer a los otros nuestra conducta individual sería una distorsión intolerable de la libertad de consciencia”.

En los partidos políticos, en la vida diaria de éstos, principalmente cuando se expresan juicios de sus dirigentes a través de los medios de comunicación, se tiende fuertemente a la intolerancia. Esta por cierto, degrada la dignidad intrínsica de toda persona.

Hernán Bosselin Correa
Abogado

Gentileza: CEspinozaJ.
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