BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

jueves, 22 de mayo de 2008

Transantiago: Una deuda, una vergüenza y una ineptitud ¡No más plata!

Desde febrero del año pasado, cuando más del 90% de nuestras máximas autoridades de los tres poderes del Estado gozaban de vacaciones junto a sus seres amados, los santiaguinos de a pie comenzaron a sufrir los rigores de la aplicación de un experimento que a todas luces se veía como un gran error, el Transantiago.

El transporte público que teníamos, fue dejado en manos del sector privado en su totalidad durante el régimen militar y era un servicio con muchas imperfecciones. Vehículos sucios, malolientes, conductores frenéticos en carrera diaria por ganar pasajeros y ver aumentados sus ingresos; culpables de gran parte de la contaminación al utilizar vehículos viejos o sin los elementos que impidan la emisión de gases y partículas.

Los dueños y amos eran los propietarios de máquinas o “zares” del sistema, sin mayor preparación, emprendedores producto de su esfuerzo; ágiles y eficientes en el aprendizaje de las peores prácticas, duros para enfrentarse a cualquier sistema o gobierno ya que basta recordar la huelga que le hicieron a Pinochet, y también a la Concertación durante el gobierno del ex presidente Lagos.

Allí firmaron su certificado de defunción. No había más voluntad ni deseo de seguir soportando un servicio que contribuía grandemente a la contaminación, que mantenía a sus conductores con un ingreso base misérrimo y que alentaba la competencia en las calles y avenidas con el riesgo que ello implicaba para pasajeros y peatones.

El nuevo sistema de transporte público iría si o sí. El tema está que su diseño y puesta en marcha fue puesta en manos del mismo sistema público que durante décadas y décadas no ha sido capaz de sincerar su funcionamiento, ni ponerse al día con las exigencias de gestión, planificación y, muchos menos, medición o control de gestión.

Así, en manos del ministerio de Transportes, un pequeño grupo comenzó con el diseño, siguió con algunos de los pasos que exigía su puesta en marcha y de repente se encontró con el cumplimiento de metas y fechas.

El 10 de febrero del año pasado, con la mayor parte de la gente preocupada del Festival de Viña y con nuestras máximas autoridades lejos, de vacaciones, por si fallaba algo; se puso en marcha el peor de los experimentos de políticas públicas.

Quienes nos preocupamos de lo que pasa en el país visualizábamos lo que pasaría. Pedimos a algunos/as de los/as políticos/as que forman parte de quienes vemos con capacidad de análisis y de crítica el accionar del gobierno que ayudamos a elegir, que estuviéramos ese día dispuestos a compartir con nuestro pueblo el comienzo de su sacrificio. No hubo nadie disponible para ello. Por dos razones: una, por si efectivamente funcionaba el sistema y no había nada que decir, salvo elogiar algo bien hecho y, dos, porque ello significaba interrumpir el descanso del que gozaban al igual que otros chilenos privilegiados.

Pero eso es ayer. También es ayer cuando el senador Adolfo Zaldívar votó contra el aporte de 190 millones de dólares al Transantiago. Se le acusó de todo: traidor, funcional a la derecha, culpable de un eventual aumento en el precio del pasaje, no respetar un acuerdo de partido.

También es ayer cuando el ex presidente de la república, Eduardo Frei, pidió en la Junta Nacional de la DC, la estatización del servicio. Ello en medio de la aclamación de cientos de delegados venidos de todo el país.

Pero es hoy, cuando nuevamente el gobierno solicita al Parlamento el apoyo para un subsidio transitorio de 270 millones de dólares para el trienio 2009-2011 y un subsidio permanente de 420 millones de dólares a contar de 2009.Por supuesto que para vender este “dulce” se hable de cifras compensatorias para la movilización colectiva en las regiones. Mismo argumento que se usó para el primer aporte en millones de dólares otorgado el año pasado. Al respecto es bueno que la ciudadanía sepa que la mayor parte de las regiones no usó este dinero ya que no fueron capaces de ejecutar a plenitud los presupuestos ordinarios anuales, mucho menos los recursos extras producto de esta compensación. Hoy se insiste con el mismo engaño, o auto engaño si quieren llamarlo, según la capacidad de credibilidad o de buena voluntad que cada uno de nosotros tengamos.

Más plata. Más plata ¿para quién? ¿Para no subir el precio del pasaje y subvencionar en algo el pasaje escolar? O más plata para los actuales empresarios del transporte público, esta vez mejor vestidos, educados y mejor hablados que los dueños de los micros amarillas, tipos que tenían mucha plata, pero con el pecado original de venir de abajo y de no estar dispuesto a rendir pleitesía a nadie.

Pues bien, plata para estos nuevos empresarios, más asimilables al sistema, mejor vestidos, más GCU (gente como uno), pero también plata para el AFT, sistema de gestión de administración de la flota, integrado por bancos de la plaza como el Chile, el BCI, el Estado, Santander y el inefable SONDA, empresa de tecnología que surte a la mayor parte de los servicios, empresas del Estado y ministerios.

El chantaje del día es el siguiente: si no aprueban los recursos se subirá el precio de un servicio que aún no consigue niveles aceptables.

Pues bien señores y señoras del gobierno. Como ciudadana que ha votado en cada uno de los “eventos” desde 1989 a la fecha, exijo que mis representantes no aprueben estos recursos para los empresarios del transporte público. Quiero y exijo que esos dineros vayan para un sistema totalmente del Estado. No del gobierno de turno. Y para ello demando el diseño de un sistema estatal de gestión y administración que cierre las puertas a la ineptitud, a la desidia, a la flojera, al fraude, a la malversación, al mal servicio.

Presidenta ¡basta ya! No más plata a los que la tienen de sobra. Castigo a los culpables de este aberrante experimento con el pueblo de Santiago. ¡Sea valiente y cree un servicio estatal de transporte público, AHORA, YA!

Editorial Revista Impacto
Instituto Jorge Ahumada
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