BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

miércoles, 4 de junio de 2008

Partidos Políticos y Democracia - Gonzalo Wielandt.

Para entender que tipo de ley de partidos políticos se necesita en Chile, es necesario comprender que actualmente algunos de los partidos no son entidades sociales, sino que muchos de ellos, sistemas referenciales compuestos por corporaciones clientelares, cuya pertenencia a ellas es más determinante que la propia militancia en los partidos. Es decir, estamos en presencia de estamentos políticos elitistas y no representativos de los distintos sectores de la sociedad. Por lo tanto, resulta sumamente peligroso y antidemocrático someter a los parlamentarios a órdenes de partido que no son tales, sino que esferas de intereses oligárquicos. Esto significa no entender la política actual, que es una política de la sociedad, y aún más, atenta contra un principio esencialmente democrático que es el respeto a la voluntad general. Esto quiere decir, que el gobierno de la concertación no entiende que muchas de los parlamentarios que han votado en contra de sus proyectos lo han hecho en base a no seguir sacrificando al pueblo, y han preferido sacrificar al gobierno y en particular a los cuadros administrativos que no han cumplido el proyecto original de consolidación democrática.

Una ley de partidos políticos, tal como la presenta el gobierno, es una ley por esencia reaccionaria, porque impide los procesos de cambio al interior de los partidos a través de la conciencia crítica de sus miembros y tiende a mantener el estatus quo de dominación política y social.

Es necesaria una ley de partidos políticos que fortalezca los partidos, democratizándolos en términos de la transparencia de los procedimientos, permita el cumplimiento de responsabilidades sociales por parte de éstos y les garantice una partida presupuestaria dignificante de su función como entidades fundamentales de la democracia.

La ley de partidos políticos debe tener como fin la consagración del bien común como objetivo de éstos y no la institucionalización de una cárcel corporativa clientelar.

Gonzalo Wielandt
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