BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

lunes, 9 de junio de 2008

Una tradición política se desvanece en Alemania.

Los socialdemócratas han sido una parte vital del escenario político de Alemania. Ahora, sin embargo, los votantes están abandonando al SPD… y el partido se está dando la espalda a sí mismo.

UN PARTIDO DE importancia histórica está implosionando en Alemania. Lo peor es que a la Socialdemocracia (SPD) no parece importarle. En verdad, es esta indiferencia, esta indolencia y letargo entre los miembros prominentes del partido, lo que explica en parte por qué el SPD ha caído tan bajo.

Los socialdemócratas nunca se han hecho las cosas fáciles. Por décadas, el partido estuvo asolado por luchas internas y añejos desacuerdos difíciles de captar. Pero hoy no son las poderosas alas del partido las que se enfrentan. Se trata de grupos que se enfrascan en escaramuzas cuyos contenidos, propósitos y objetivos son un enigma para otros integrantes del partido. Por supuesto, el SPD (pese a haber registrado una nueva baja en las encuestas, con sólo 20% de apoyo) no desaparecerá del radar. Podría incluso suceder que el apoyo se recupere ligeramente: después de todo, al adversario histórico, los demócrata cristianos (CDU), no le está yendo bien. Pero el SPD ya no volverá a ser el partido impresionante que fue. Todo lo que queda es escribir el obituario de un partido notable, que actuó como pilar de Alemania, incluso cuando estuvo condenado a pasar parte de su historia en la oposición.

El SPD de 2008 se ha dicho adiós a sí mismo, dándole la espalda a gran parte de lo que le hizo grande. Primero, se ha desconectado de la clase trabajadora. Desde las elecciones generales de 1998, mucho de la caída del SPD ha venido de la desafección de los votantes asalariados. El respaldo entre los trabajadores ha caído 15% en la última década. En ciertas elecciones estaduales durante el segundo mandato del canciller del SPD Gerhard Schröder (2002-2005), el partido perdió hasta una quinta parte de su apoyo asalariado. Para el SPD, este giro es un profundo desastre. La clase trabajadora industrial formó por largo tiempo el centro ideológico en torno al que orbitaba el SPD. Era la razón de ser del partido, la fuente de estabilidad y la luz que guiaba todos sus esfuerzos. El frío y no sentimental éxodo de la clase trabajadora, privó al SPD de su imagen fundamental, una construida por más de un siglo. El SPD, sin el apoyo de los trabajadores, está despojado de su meta, en concreto, emancipar a las clases bajas.

Por esta razón muchos socialdemócratas se han venido debatiendo en una crisis de identidad durante años recientes. Antes, se sentían seguros de su rol en la sociedad y conocían sus intereses. Esto ya no existe y nada ha surgido para tomar su lugar. Como resultado, el SPD se siente agitado, indefenso y sin rumbo. Pero el alejamiento del proletariado no es la única pérdida. Desde entonces, se ha producido una transformación aun más profunda del concepto socialdemócrata. El SPD, desde sus inicios, siempre dependió de sus miembros y estructuras mucho más que la CDU.

Ahora, el SPD no sólo está perdiendo apoyo en la clase trabajadora, sino a sus militantes. El proceso empezó hace tiempo, pero desde 1990 ha perdido grandes cantidades: cerca de 400 mil personas han devuelto sus carnés. En Renania-Westfalia del Norte, bastión socialdemócrata, la CDU superó al SPD en 2003 y ahora lleva una ventaja de 22 mil militantes. A nivel nacional, es probable que la militancia en la CDU pronto sobrepase a la del SPD. A mediados de los ’60, el SPD exhibía una ventaja de 450 mil miembros sobre la CDU. Todo eso ahora se ha perdido.

El SPD está perdiendo su fortaleza organizacional, cimiento que ayudó a mantener al partido hasta en tiempos difíciles. La desaparición del clásico funcionario del partido es sintomático. Hasta bien entrados los ’80, esos funcionarios eran poderes respetados en la estructura partidaria. El ex Canciller Willy Brandt promovió a funcionarios partidarios de bajo nivel. Pero a Gerhard Schröder, el último Canciller del SPD, no le podrían haber importado menos. Hay ahora miles que se sienten amargados y que miran hacia la izquierda, donde el partido La Izquierda de Oskar Lafontaine, ex líder socialdemócrata, está esperando para ofrecerles un nuevo hogar político.

Todo esto ha llevado a que el SPD esté mutando hacia el tipo de partido que sus miembros han despreciado por largo tiempo: un partido boutique para la clase media. La pérdida de propósito pesa fuerte en los socialdemócratas. Esto comenzó antes de Schröder. Hace tanto tiempo como a fines de los ’80 y comienzos de los ’90, muchas de las viejas y confiables recetas socialdemócratas perdieron su atractivo y su fuerza persuasiva. Pese a que el SPD ama los debates, esta tendencia negativa nunca fue abordada. Algunos se aferraron a promesas tradicionales. Pero mientras más lo hacían, más tendían a La Izquierda.

Otros prefirieron dar la espalda a la tradición y asumir puntos de vista tomados de sus adversarios de centroderecha. Esto fue, esencialmente, lo que condujo a las importantes reformas de la seguridad social de Schröder. Nadie en el SPD sabía qué hacer con la nueva orientación del partido. ¿Era el sistema de seguridad social la raíz de los males económicos porque incentivaba el gasto fiscal mientras limitaba la responsabilidad y la participación individual, la voluntad de invertir y hasta el alcance de la libertad individual? ¿O era el Estado de bienestar, como decían los anti-reformistas, un modelo exitoso para desmantelar las diferencias de clase, promover las oportunidades e integrar a sociedades complejas?

Hasta hoy los socialdemócratas no han dado una respuesta. Era posible encontrar partidarios de ambas alternativas. Con deprimente frecuencia jóvenes parlamentarios del SPD cambiaban de posición. Esta confusión ha venido gestándose hace mucho.

Sin embargo, oculta una realidad: el SPD se ha convertido en el partido alemán de centro. Pero el centro es una parte del paisaje de Alemania que se está agrietando. Los beneficios del centrismo están claros: el SPD tiene una serie de opciones de coalición, haciendo que su camino al poder sea mucho más corto. No obstante, el centrismo no es una gran motivación para los otrora altamente motivados activistas del SPD. Una agenda política centrista asumida por un partido fatigado no ha demostrado ser una receta para desarrollar nuevo liderazgo. Esto parece un escenario apocalíptico. Es posible que la capacidad del partido para reinventarse y revitalizarse sea mayor de lo que insinúan sus problemas. Los partidos cambian cuando cambia el entorno político que los rodea. Las fricciones y las luchas internas que resultan de esos cambios no significan automáticamente que el partido esté condenado.

Por Franz Walter - La Nación.
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