BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

martes, 9 de febrero de 2010

CUBA: Una vida marcada por la espera.

Desde las largas y omnipresentes colas que ocupan la mitad del día de un habitante de la isla hasta la paciencia que exige la espera de la famosa ``tarjeta blanca'' que les da permiso para salir del país, la vida del cubano está marcada por la espera. También esperan por la llegada de los alimentos y artículos de primera necesidad a la bodega o por las cartas o las remesas de ayuda de los familiares que viven en el extranjero.

Eso que ya es un lugar común y que a veces no asombra por lo cotidiano, es el asunto del documental Cuba: el arte de la espera, que se estrena el jueves en Estados Unidos en la Universidad Internacional de la Florida, en un evento patrocinado por el Instituto de Estudios Cubanos de esa universidad y el Centro de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Miami.

La proyección del filme, que entre otros premios ha ganado el de mejor guión de la Sociedad de Autores Franceses, contará con la presencia de su director, Eduardo Lamora, quien reside desde hace 12 años en Francia y antes vivió casi dos décadas en Noruega. En el 2008, después de 27 años de ausencia, Lamora regresó a su pueblo en las inmediaciones de Mayarí, en la provincia de Oriente.

En la escena inicial del documental, una señora, sentada en un viejo sillón en un portal de una vivienda de madera, se abanica mientras en el fondo se escucha la voz de Fidel Castro que proviene de un televisor. Con cifras y estadísticas sobre los logros económicos de la isla se salpica el discurso del ex gobernante en lo que después nos enteramos es su intervención en el programa Mesa redonda de la televisión cubana.

``El filme no es estrictamente un documental sociopolítico sino que pretende poner en relieve regiones menos mediáticas de eso que algunos llaman `alma' '', explica Lamora en un e-mail, confirmando el tono personal de este documento cinematográfico que se concentra en las experiencias del autor en el viaje a su pueblo, sede del antiguo Central Preston --propiedad de la United Fruit Company-- el que después de la Revolución se convirtió en Central Guatemala.

Según explica uno de los ancianos que la cámara encuentra en el parque del pueblo, ya hace cinco o seis años que el central cerró sus puertas, dejando a los residentes del lugar a la búsqueda de otros recursos para ganarse la vida. Todos los posibles oficios --desde la pesca hasta la venta de pequeñas mercaderías-- suelen realizarse de manera ilegal, porque el gobierno los proscribe.

``La filmación se realizó en condiciones clandestinas con respecto al régimen, y subrepticias con respecto a los actores de la película'', cuenta Lamora, que explica eligió esta vía, en primer lugar, por ``una cuestión de seguridad personal'' y en segundo, para otorgarle ``autenticidad a lo filmado''.

``Filmar en Cuba y obtener testimonios en contra del régimen no es muy difícil; sí lo fue articular una dialéctica entre lo íntimo y lo público de cada uno de los personajes, de manera que pudiera revelarse el simulacro establecido entre la palabra y la conciencia'', abunda Lamora sobre su propósito, que efectivamente logra llevar El arte de la espera más allá del documento periodístico o panfletario.

En un pueblo que parece a ratos ``fantasma'', es la sensación de ``tiempo detenido'' lo que más llama la atención del director, que a su vez experimenta el tumulto de emociones de reencontrarse con su madre anciana. Es, según él mismo lo describe, como un viaje de Pedro Páramo a un Comala caribeño.

La proyección del documental se complementará con la ponencia académica, Atemporalidad e inxilio en Cuba: el arte de la espera, a cargo del profesor Narciso J. Hidalgo, de University of South Florida.

Documental `Cuba: el arte de la espera', jueves 7:30 p.m., Graham Center Ballroom, Florida International University, 11200 SW 8 St., 305-348-1991.

Por SARAH MORENO – El Nuevo Heraldo.
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