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Gabriela Mistral

miércoles, 26 de agosto de 2009

CHILE: Chile se convierte en un país de viejos, mientras la esperanza de vida sube a los 80 años para el 2020.

La tasa de natalidad cae a poco más de un hijo por mujer.
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De acuerdo a la cifras del Censo del 2002 el grupo de 60 y más años alcanzó al 11,4 % del total del país, cerca de 1,7 millones de habitantes.

Al año 2020, se estima que los adultos mayores serán cerca de 3 millones de personas. En tanto, la expectativa promedio de vida de la población chilena se ha desplazado desde los 45 años en 1930 a los 76 años en el 2002, estimándose que el 2020 alcanzará a 80 años.

Pero en la medida que la población envejece, la tasa de natalidad sigue cayendo. De hecho se encuentra entre las más bajas de la región. Si en los primeros cinco años de la década de los 70, las mujeres tenían en promedio 3,63 hijos, veinte años después la cifra bajó a 2,0 y se estima que esta tasa puede descender hasta 1,85 en el 2020.

Hacia políticas públicas que respondan a la realidad

Las cifras anteriores muestran la necesidad de aplicar políticas públicas que reflejen la necesidad de un país que envejece a pasos agigantados.

Según, Paula Forttes, directora del Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama), afirma que Chile ha respondiendo de manera oportuna a esta tendencia, a través de los distintos programas enfocados a mejorar la calidad de vida de las personas. Pero admite que no al ritmo que la gente esperaría.

“Estamos prontos a publicar un completo estudio sobre los adultos mayores, donde a partir de estos datos se desarrollarán distintos programas enfocados en sus necesidades”.

En esta línea, la directora de la entidad afirma que la gente que tiene un nivel de funcionalidad adecuado, sin importar su edad, requiere un ingreso que le permita vivir, oportunidades, acceso a la educación permanente, acceso a la entretención y uso del tiempo libre.

Mientras que el mayor temor de este grupo de personas es requerir de cuidados y no tener a alguien que asuma esta responsabilidad. En este punto, Forttes asegura que hay una necesidad de tener un soporte social.

“Antes el encargado del cuidado de los abuelos era la familia, pero ahora con la incorporación al mundo laboral de la mujer hay menos soporte, por lo que se requiere trabajar en este sentido”.

Por último, señala que en un par de años, todos los organismos del Estado se tendrán que hacer cago de este grupo de personas para garantizarles el derecho a la vivienda, transporte y salud, entre otros, tal como ocurre en otros países del mundo.

Fuente: Cambio21.
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