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Gabriela Mistral

martes, 18 de agosto de 2009

CHILE: El gran cambio de Karen Poniachik.

Desde que salió del Ministerio de Minería, la vida de la periodista ha dado un giro radical: no sólo logró un importante espacio en el mundo privado, sino que se convirtió en madre soltera: un proyecto que había postergado por mucho tiempo. Aquí, su círculo más íntimo habla de la nueva vida de quien es ahora el rostro de la transparencia en Chile.

Recién destituida como ministra de Minería el 9 de enero de 2008, Karen Poniachik tomó varias cajas de cartón llenas de documentos, pidió un taxi y partió sola, con sus papeles, a su departamento en Pedro de Valdivia Norte.

En medio de la frustración tras haber perdido el cargo más importante de su carrera, entró en una etapa de su vida que le permitió cumplir un proyecto largamente postergado: convertirse en madre; a los cuarenta y cuatro años, soltera y sin pareja. Celosa de su vida privada, jamás ha querido referirse públicamente a su hija Ana Victoria Pollak Poniachik -sus apellidos invertidos-, que hoy tiene dos meses. Tampoco les ha hablado a sus amigos sobre el padre ni de las circunstancias que rodearon su embarazo.

-Éste es un tema entre mi hija y yo -les ha respondido.

A ellos les informó de su nacimiento a través de un emotivo mensaje de texto. Su habitación de la Clínica Santa María se llenó. De amigos, de ex colaboradores y de flores.

Cuando había pasado sólo un mes desde su salida de Minería le ofrecieron un trabajo que en otras circunstancias hubiera sido irrechazable para ella: radicarse en Londres para ocupar de presidencia de ICMM (International Council in Mining and Metals), la asociación mundial de CEO's de las principales mineras del mundo. Si hubo gente que admiró a la entonces ministra fueron los empresarios mineros. Fueron los primeros en llegar a su oficina de Teatinos 120 cuando fue destituida. Pero ni siquiera preguntó cuánto era el sueldo. No era adrenalina lo que buscaba.

Karen Poniachik quería convertirse en madre.

Durante seis años esa opción estuvo prohibida por orden médica: un cáncer de mamas que le detectaron a los 35 años cuando vivía en Nueva York la obligó a retrasar la maternidad. Además había terminado una relación de dos años con el gerente de The Clinic y cabeza de la editorial Random House Mondadori, Pablo Dittborn, casi dos décadas mayor que ella y con dos nietos. "Simplemente estaban en etapas distintas de la vida", cuenta un amigo en común.

En lo profesional también se privatizó. Acaba de ser nombrada presidenta de Chile Transparente, cargo ad honorem; es la delegada del gobierno de Chile ante al OCDE, y participa en los directorios de Chiletabacos y Terpel, además de prestar asesorías a bancos y organismos internacionales. "Lo que a ella le apasiona es estar en el mundo público y privado a la vez", dice un ex colaborador. Ahora se levanta a las 7 a leer sus emails, revisar la prensa, trabaja y se preocupa de su guagua. Todo, desde su casa.

Salvo el matrimonio, Karen Poniachik ha conseguido prácticamente todo lo que ha querido en la vida. Quienes han trabajado con ella han tenido que lidiar con su determinación.

-A mí me metieron harto cuco cuando me fui a trabajar con ella -cuenta su ex jefa de gabinete en Minería, Paula Jaramillo, y ahora gran amiga-. Y, efectivamente, es muy jodida, pero cuando ves lo empeñosa, lo trabajadora, lo ejecutiva, lo arriesgada que es, se gana el respeto de uno -agrega.

Apenas egresó de Periodismo en la Universidad Católica a los 23 años, Karen Poniachik partió a estudiar un master en relaciones internacionales a Columbia. Allí fue una de las mejores alumnas de Andrés Velasco, quien daba por primera vez una cátedra de economía latinoamericana. Se conocieron primero en el Grange, donde ambos estudiaron, pero se reencontraron en las salas de clases de Columbia. "Siempre la recuerdo sentada al fondo de la sala cuchicheando con sus dos compinches, la periodista Pauline Kantor y María Elena Alfonsín, hija del ex Presidente de Argentina", dice el hoy ministro de Hacienda.

Se radicó en Nueva York, donde fue corresponsal de revista Cosas -donde se inició haciendo entrevistas políticas-, trabajó en el departamento de investigaciones de Newsweek y en 1995 llegó a ser directora del programa de negocios del Council of The Americas, la oficina fundada por David Rockefeller, que reúne a los empresarios con intereses en América. Ahí se armó de una gran red de contactos y se forjó la fama de eficiencia que conserva hasta hoy. "Ella usa las redes y los puentes hábilmente, está entrenada para eso y ha sido un aspecto clave en su éxito profesional", cuenta una amiga.

Fue en el Council que conoció al entonces ministro de Obras Públicas Ricardo Lagos, a quien ella siente como su mentor. Ha dicho que gracias a él entró al sector público.

"Cuando fue candidato a la presidencia en 1999 ella le organizó una de las giras más importantes en EE.UU. Lagos quedó muy impresionado por su nivel de contactos y la eficiencia", dice uno de sus mejores amigos.

En Nueva York fue una de las más entusiastas del grupo "Chilenos por Lagos", una especie de comando en EE.UU. en el que también participaba Andrés Velasco y Patricio Navia. En Nueva York, Karen Poniachik se compró un pequeño departamento ubicado en el East Side, un exclusivo barrio, donde solía recibir a los amigos que visitaban esa ciudad. Iba al cine varias veces a la semana, a ver espectáculos musicales, se reunía en las fiestas de la comunidad latina y estuvo a punto de casarse con un argentino. Pero siempre echó de menos a sus amigos y familia en Chile. Por eso, cuando recibió un llamado de José de Gregorio ofreciéndole la vicepresidencia ejecutiva del Comité de Inversiones Extranjeras, no dudó en aceptar y empacar sus maletas.

"La Karen debe ser la persona que más contactos y conocimiento tiene del mundo de negocios en Nueva York y por ende en EE.UU.; Le vino como anillo al dedo que Lagos la asignara en el Comité de Inversiones Extranjeras. Y por eso cuando buscamos a una persona con experiencia internacional, bilingüe, con contactos públicos y de negocios para que liderara nuestro proceso de ingreso a la OCDE rápidamente llegamos a su nombre", dice Andrés Velasco.

Su arribo al Comité de Inversiones, sin embargo, estuvo cargado de cuestionamientos, más que nada, por su condición de periodista. "Se legitimizó a punta de trabajo", dice un ex empleado del comité. "Es muy rápida, en unos meses producía más de lo que el comité había hecho en un año. Pero ese mismo estilo trabajólico generó que hubiera gente que simplemente no la pudo seguir. Hubo roces. Se enojaba cuando algo no iba a su ritmo, pero logró que el comité dejara de ser un ente burocrático a uno que realmente atraía inversiones. Por eso mucha gente después se arrepintió de haberla mirado a huevo", agrega el mismo empleado.

No fue una gran sorpresa que más tarde Michelle Bachelet la nombrara ministra de Minería y Energía. Los principales inversionistas extranjeros en Chile son precisamente de esos rubros con los que ella ya había establecido potentes redes y de cuyos empresarios se había ganado la confianza.

No así en el mundo político.

"La criticaban mucho porque venía de otro mundo. Pero gran parte de los cuestionamientos eran finalmente políticos. El PPD le pidió que militara y no quiso y eso le hizo ganar varios enemigos", cuenta una ex colaboradora.

Su primera derrota en la cartera fue cuando en plena crisis del gas con Argentina le quitaron el ministerio de Energía, más bien técnico, que quedó en manos de Marcelo Tokman.

"Energía era de un trabajo muy intenso especialmente por el tema de Argentina, si a eso se le suma que también tenía la presidencia de los directorios de Enap, Enami, Codelco, y el comité de ministros de la Comisión Nacional de Energía. Se quedaba hasta las cuatro de la mañana estudiando temas energéticos y los mineros comenzaron a reclamarle más tiempo", dice un cercano. Aunque ha señalado que fue ella misma quien planteó al gobierno que era imposible hacer ambas cosas bien.

Más tarde, en un bullado cambio de gabinete que incluyó seis ministerios, saldría ella también del gobierno. "Ella sabía que por no tener partido era fuerte la posibilidad de que saliera", dice un amigo. Una operación de los radicales que pidieron el ministerio de Minería, agrega. Aunque también fue muy criticado su manejo de la huelga de los contratistas de Codelco, donde prácticamente no se metió. Según ha dicho Poniachik ese era un problema entre Andrés Velasco y el entonces ministro del trabajo Osvaldo Andrade.

Su destitución fue un golpe para ella. Un cercano asegura que incluso se cuestionó su vida en Chile y pensó volver a Nueva York.

Pese a la imagen de mujer fuerte, Karen Poniachik tiene un lado frágil. Le cuesta mucho digerir las críticas. "La hacen polvo", dice una amiga. Durante la crisis del gas fue duramente cuestionada. "Se frustraba, le daba pena, rabia, se iba para mi oficina. Yo le bajaba el perfil. Ella no viene del mundo de la política en que uno se curte, ella es súper estudiosa, muy preparada, pero estas cosas no las entendía", dice Paula Jaramillo.

Poniachik, sin embargo, no rehuye al conflicto. Tuvo roces con Óscar Landerretche, también de carácter fuerte, que tras un impasse con ella, le costó la salida de Enami.

"La Karen no tiene pelos en la lengua y mantiene intacta su capacidad para reírse de todos de y de sí misma y la admiro porque es valiente y como mujer profesional no se achica ante nadie", dice Velasco.

Karen Poniachik proviene de una familia judía conservadora de derecha. De crianza estricta, es la mayor de cuatro hermanos. De chica fue rebelde y contestataria. Iba a las protestas de los años ochenta en contra de la dictadura. En el Grange fue una alumna estudiosa, algo solitaria y reacia a los deportes. Se sentaba siempre en primera fila, un tanto acomplejada por el sobrepeso. Iba poco a fiestas. El mundo se le abrió en la Escuela de Periodismo de la Católica donde comenzó a interesarse por la política internacional. Aunque su otra pasión, bastante más privada, es la escritura. En el disco duro del computador de su casa tiene escrita hace más de seis años una novela que se resiste a publicar. "Es la historia de Daniela, una banquera exitosa que está obligada a dar codazos y empujones en la corporate ladder, a cuyos peldaños muy pocas mujeres tienen acceso. Su nombre tentativo es Chicas, cuidado con Carlos K, dijo a "Sábado" en 2003. Y si bien no quiso hacerla autobiográfica, admitió que el texto tiene mucho de ella.

Cuando se junta con sus amigos, suele contar historias donde se ríe de sí misma. "Las citas a ciegas son su género más gracioso", dice uno de sus íntimos. "Como una que falló por culpa de Google: cuando puso el nombre del galán en el buscador supo que él había cometido una gran estafa. Para lo único que sirve Google, decía, es para echar a perder citas a ciegas", cuenta el amigo.

Ahora en su nuevo papel de madre ha prometido que no será aprensiva e intensa como las llamadas "madres judías". "Cómo lo vivió ella", dice una amiga. Pero, pese a eso, no importa dónde o con quién esté: su Blackberry está encima de la mesa por si llama su nana. Aunque el teléfono nunca suena. Es ella quien hace los llamados.

Por Sabine Drysdale – Revista El Sábado.
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