BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral

miércoles, 18 de febrero de 2009

CHILE: Chávez: Duro de Matar.

"...La oposición debe transformar su obsesión con Chávez en una propuesta de cambio atractiva y convincente. En tanto la oposición no logre levantar un candidato presidencial capaz de convocar a un número importante de simpatizantes, o desilusionados, del chavismo con un discurso articulado e incluyente, Chávez difícilmente será derrotado por un candidato de la oposición.".

Los análisis sobre los resultados del referendo constitucional del 15 de febrero de 2009 en Venezuela han tendido a enfatizar una conclusión de segundo orden y a ignorar la conclusión de primer orden. Al subrayar que la oposición obtuvo la votación más alta en número absolutos desde que Chávez llegara al poder en 1998, los analistas—en general simpatizantes de la oposición o genuinamente preocupados por el empeoramiento de las condiciones de la democracia venezolana—han ignorado que el ganador del referendo constitucional fue el propio Chávez. A 10 años de llegar al poder democráticamente, Chávez ha logrado una nueva victoria electoral, consolidando su poder e influencia, lo que le permitirá concentrar más poder en sus manos y debilitar aún más la ya convaleciente democracia venezolana.

Dos años después de su aplastante victoria presidencial, donde logró 7,3 millones de votos (63%), Chávez vuelve a demostrar que tiene el apoyo de la mayoría. El 54,4% de votación obtenida por Chávez fue similar a la votación lograda por los candidatos oficialistas en las recientes elecciones locales de fines de 2008. Los más de 6 millones de votos marcados a favor de la re-elección presidencial y de todos los representantes democráticamente electos, le permiten a Chávez mantenerse como el político más popular en Venezuela. Si bien su apoyo pasó de 63% en 2006 a 54,4% en 2009, su victoria del domingo constituye un espaldarazo que cae como un balde de agua fría a la oposición.

Entusiasmado por su re-elección en 2006, Chávez había convocado a un referendo a fines de 2007 para introducir una serie de reformas a la constitución—incluida la re-elección presidencial. Una baja participación (56%) afectó negativamente su votación. Con 4,5 millones de votos (50,7%), la oposición logró derrotar la batería de reformas propuestas por Chávez. En 2006, la participación había sido del 75% de los inscritos, a mayor participación, mayor el apoyo para Chávez. En 2007, la baja participación dañó a Chávez. En 2009, cuando la participación volvió a subir, llegando al 70%, Chávez se volvió a imponer, pero por un margen inferior. Esa es la conclusión de segundo orden que la mayoría de los analistas han destacado. Chávez ganó, pero es vulnerable.

Por eso, la oposición siente que los 5 millones de votos contra de la re-elección emitidos el 15 de febrero son una oportunidad. Nunca antes tantos venezolanos habían votado contra el presidente. Si bien el rechazo a la re-elección indefinida alcanzó sólo el 45,6%, un número creciente de venezolanos dudan de las bondades de mantener a Chávez en el poder más allá de 2012.

Una de las razones que explican el aumento en el rechazo a Chávez es precisamente la naturaleza plebiscitaria del voto. Los venezolanos debieron votar a favor o contra Chávez. La oposición siempre ha logrado sus mejores desempeños cuando realiza campaña contra Chávez. En 2000, el candidato de la oposición llegó al 37,5%, con 2,4 millones de sufragios. En las elecciones legislativas de 2005, la oposición optó por no competir, cediendo el control absoluto del Congreso a las fuerzas chavistas. En 2006, el opositor Manuel Rosales logró un 36,9%, con 4,3 millones de sufragios. Sólo en 2007 la oposición se pudo anotar una victoria. En febrero de 2009, Chávez recuperó la mayoría que temporalmente había perdido en 2007.

Las lecciones para la oposición son claras. No resulta conveniente hacer campaña contra Chávez. Cuando el presidente está en la boleta electoral, es más difícil derrotarlo. La oposición debe transformar su obsesión con Chávez en una propuesta de cambio atractiva y convincente. En tanto la oposición no logre levantar un candidato presidencial capaz de convocar a un número importante de simpatizantes, o desilusionados, del chavismo con un discurso articulado e incluyente, Chávez difícilmente será derrotado por un candidato de la oposición.

Si bien la victoria del domingo fue crucial, difícilmente el chavismo puede sentirse plenamente satisfecho. Un número creciente de venezolanos está decepcionado del chavismo. La crisis económica ad portas afectará duramente la capacidad del gobierno de financiar programas sociales. Las reformas económicas que se verá obligado a realizar el gobierno erosionarán algunas de sus bases de apoyo.

Pero la debilidad de Chávez no debiera ser automáticamente considerada como la fortaleza de la oposición. Incluso si Chávez llegara a caer, la alternativa populista—chavismo sin Chávez o populismo a secas—no debiera ser descartada. Es más, aparece como más probable que un gobierno liderado por la desordenada oposición. Ni los jóvenes estudiantes que simbólicamente la lideran, ni los partidos políticos tradicionales que proveerían los aparatos políticos para un gobierno de oposición, parecen capaces de terminar con la demanda de gobiernos populistas que parece existir en Venezuela. Por eso, no basta que la oposición celebre la debilidad de Chávez. A menos que esa debilidad permita el fortalecimiento de una alternativa opositora. Venezuela difícilmente podrá abandonar el camino del populismo, estatismo y clientelismo actual.

Al ganar el referendo, Chávez recuperó la mayoría. Pero el descontento contra Chávez también va en alza. La oposición puede aprovechar la oportunidad para construir una alternativa que capitalice ese descontento. Si en cambio se dedica a esperar que la crisis económica desestabilice a Chávez, entonces la pelota seguirá en cancha de Chávez. Si Chávez logra salvar la crisis, ganará las elecciones de 2012. Si en cambio la crisis económica lo derrota, Venezuela bien podrá avanzar hacia un populismo sin Chávez, pero también sin que la oposición logre llegar al poder.


Fuente: (Especial para Infolatam) – Por Patricio Navia.
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