BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral


lunes, 26 de enero de 2009

CHILE: Confusión en la casa de la izquierda.

Definitivamente se agotó la alianza de centro-izquierda, y el efecto desgastador del poder terminó por hundir la tradicional épica progresista, aquella de la justicia social, en un mar de rencillas personales, corrupción e intereses individuales.

La expresión del rostro de Escalona, “proclamando” a Frei entre abucheos y amenazas de bombas, habla por sí sola: un rictus que transmite más angustia que entusiasmo. Lo mismo que la diputada Isabel Allende, su vicepresidenta, que debió ingresar al lugar enfrentando una feroz pancarta en que su padre, Salvador Allende, aparece diciéndole: “Isabel, te estoy mirando”. Hay que reconocer que no les falta imaginación, ni crueldad, a los díscolos del socialismo.

Decir que “los partidos de la izquierda están agotados”, sería algo esperable en quienes van por la vida por la calzada opuesta. Más aún, en ellos suele ser más una expresión de deseo que un diagnóstico de la realidad. Pero no resulta tan esperable, ni tan inocuo, cuando el diagnóstico viene de líderes tan centrales a la izquierda chilena como Carlos Altamirano o Jorge Arrate. Y si a este malestar sumamos el muy vocal de los “díscolos” Navarro o Enríquez-Ominami, o la violencia de los jóvenes socialistas que intentaron agredir a su presidente, Camilo Escalona, y al senador Frei en la polémica proclamación de su candidatura presidencial, o la notoria ausencia en el mismo acto del vicepresidente Ominami, el cuadro parece mucho más serio. En realidad, no recuerdo un período de mayor desintegración de la izquierda en Chile, desde la intervención militar de 1973. Todo esto, a escasas semanas de la equívoca y, para muchos, desoladora bajada de sus líderes Ricardo Lagos y José Miguel Insulza de la carrera presidencial. Como habría comenzado esta columna el gran novelista ruso: Reina la confusión en la casa de la izquierda.

¿Qué está sucediendo? ¿Por qué una crisis de esta magnitud precisamente en el sector más exitoso de la política chilena, aquel que está completando dos períodos presidenciales sucesivos? Mi diagnóstico es simple, y se resume en dos razones: Definitivamente se agotó la alianza de centro-izquierda, y el efecto desgastador del poder terminó por hundir la tradicional épica progresista, aquella de la justicia social, en un mar de rencillas personales, corrupción e intereses individuales. La justicia social se ahogó en la sopa, diría el tango.

Los liderazgos de la izquierda, en esta pasada, dieron un espectáculo lamentable y se auto−infligieron un grave daño. Lagos renunció sin que nadie entendiera muy bien por qué, excepto el temor a perder. Y peor aún, al renunciar fue incapaz de apoyar a ninguna alternativa de su sector, muy específicamente a Insulza, su compañero de partido, cuyo destino pudo haber sido diferente si hubiera recibido el decidido y entusiasta apoyo de su ex jefe. Soy un convencido de que la candidatura de Insulza fue torpedeada, primero por las vacilaciones de Lagos y luego por la falta de su apoyo cuando renunció. ¿Qué pretendía este enigmático Lagos? ¿Dejar abierta una puerta por si se dan las condiciones? ¿Destruir a un competidor potencial? Creo que así no se hace la política, ni se consiguen las grandes causas. ¿Y el “Pánzer” Insulza? Bueno, apeló al razonable buen criterio: ¿Cómo se le podía pedir renunciar a tan interesante cargo internacional sin ninguna garantía? En su defensa digamos que, al menos, al bajarse Insulza tuvo la decencia de apoyar a una alternativa, en este caso Frei. Al final del día en este bochornoso episodio, se ha producido un gran vacío de poder en la izquierda. Tan grande es este vacío, que numerosas figuras de segundo nivel, o que parecían formar parte del pasado, han visto una oportunidad y han saltado al ruedo, casi como fantasmas, incluyendo un Arrate que se autoproclama presidenciable, o un Altamirano cerca ya de la novena década de su vida, ambos ¡ex ministros de Salvador Allende!, hace ya casi 40 años.

Esta izquierda en descomposición no es un hecho para celebrar, ni siquiera para sus adversarios políticos. El éxito de este país en los últimos 20 años se basó en ciertos acuerdos y ciertos consensos que, me temo, hoy están en entredicho. La Concertación, que tan exitosamente gobernó al país por las últimas dos décadas, se ha terminado. De una izquierda pulverizada puede surgir cualquier populismo, cualquier irracionalidad. Por todo esto, lamento muy profundamente que Lagos e Insulza hayan elegido dispararse en los pies, y quedar fuera de la carrera. La estabilidad política de Chile requiere una izquierda sólida y organizada, con liderazgos consensuados. Esta izquierda, hoy día simplemente no existe.

Por Roberto Méndez – Revista Sabado.
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