BIBLIA, libro mío, libro en cualquier tiempo y en cualquier hora, bueno y amigo para el corazón, fuerte, poderoso compañero. Tu desnudez asusta a los hipócritas y tu pureza es odiosa a los libertinos.

Gabriela Mistral


lunes, 26 de enero de 2009

CHILE: La elite ignaciana.

La columna de Felipe Berríos sobre las universidades cota mil y las opiniones públicas de Fernando Montes sobre la codicia, el modelo económico y las elites aisladas de la realidad, demuestran que los jesuitas han iniciado una nueva ofensiva para imponer sus temas en la agenda pública nacional. Pese a que muchos aseguran -incluso ellos lo reconocen- que desde los 70 han perdido seguidores en la clase alta, siguen teniendo una importante llegada en los círculos influyentes. ¿Quiénes son cercanos a la Compañía? ¿Qué los diferencia de los Opus o los Legionarios? ¿Qué piensan sobre las posiciones de Berríos y Montes?

El martes 13 de enero, un grupo de personalidades se reunió a almorzar en el restaurant Akarana. Los convocantes eran el club de egresados chilenos de la Universidad de Georgetown. El invitado de honor, José María Aznar. Frente a los comensales -entre los que se contaban el embajador de EE.UU. y el ex general Juan Emilio Cheyre-, los miembros de la fundación de Aznar hicieron la presentación del curso de liderazgo juvenil que imparten en Georgetown.

Cuando terminó la exposición, el sacerdote jesuita Fernando Montes -también invitado- le pidió discretamente la palabra a Jerónimo Carcelen, presidente de los egresados de Georgetown. Dirigiéndose a Aznar, le planteó que si bien alababa el trabajo que hacían, él pensaba que Chile era un país fragmentado socialmente y que era recomendable no sólo buscar líderes en la elite, sino también en otros grupos sociales, más diversos.

Aznar no acusó recibo. Minutos después, Clemente Pérez le preguntó al líder español sobre cuál era el verdadero Aznar: el que apoyaba a Piñera o a Frei. "Siempre es bueno el cambio", contestó el hispano. Montes, al poco rato, de nuevo encaró al ex mandatario: "Es importante no sólo la persona por la que uno vota, sino también el equipo que lo acompaña".

Justo por esos días, en buena parte de la clase alta se discutía fervorosamente la columna -en la revista El Sábado- de Felipe Berríos sobre las universidades cota mil, donde criticó el aislamiento de los jóvenes de la elite. Allí escribió: "¿Qué visión del país tendrá el profesional que salga de esa universidad?, ¿qué vida universitaria tendrá quien tal vez estudió en un colegio de la zona, donde probablemente quede también su casa y entra a esa universidad?, ¿bastará mirar la ciudad desde lo alto y luego enterarse de lo sucedido en ella por las noticias?".

También por esos días, Montes aceptó debatir sobre la codicia con Jorge Errázuriz en el sitio web politicastereo.tv. Ahí criticó duramente la estructura social del país -"donde unos tienen y pueden tener más, y otros van quedando sin tener"-, el economicismo exacerbado -"a mí me tiene súper preocupado que en Chile hemos deshecho la categoría política. Hoy día el ministro de Hacienda pesa mucho más que el ministro del Interior"- y alabó la regulación de los mercados.

Pese al encendido debate, Errázuriz y Montes se volvieron a encontrar: el primero lo invitó a participar a un seminario sobre administración. Montes no dudó en ir: mientras todos discutían sobre el mercado y su recuperación producto de la crisis, el sacerdote volvió a disparar. Y abiertamente dijo que lo esencial era recuperar la confianza.

Nueva ofensiva

Montes y Berríos son los principales voceros de la Compañía de Jesús y a través de sus recientes intervenciones públicas han dejado claro que el tema de su agenda es criticar los ghettos que existen dentro de la sociedad chilena: la elite encerrada en sí misma, la desigualdad, la codicia, la pobreza y un modelo económico que exacerba las diferencias sociales.

Precisamente, según historiadores y empresarios, fue esta línea de pensamiento la que produjo la fuga, en los años 70, del sector empresarial tradicional a otros referentes religiosos, como el Opus Dei, los Legionarios de Cristo o Schoenstatt. "Los jesuitas perdieron su público objetivo en la elite porque optaron por criticarla. Y con eso se alejaron, dejándole paso al Opus y Legionarios", argumenta un empresario.

Sin embargo, una nueva ofensiva pública se nota por estos días en la Compañía. Sin dejar de lado su discurso -al contrario: eso los distingue-, siguen penetrando a los cuadros influyentes de este país, pese a que muchos no estén de acuerdo con las opiniones sobre política, economía y moral de Montes y Berríos.

¿Quiénes son?

El grupo de empresarios cercanos a los jesuitas es variopinto: va desde la izquierda, pasando por la DC, hasta reconocidos derechistas.
Ramón Aboitiz y Enrique Barros se autodefinen amigos de la Compañía. Existe un abultado grupo de benefactores que han apoyado su causa: Alberto Hurtado, Hugo Yaconi, Manuel Santa Cruz, Marcos Cariola, José Said -en los últimos tres años ha donado cerca de $56 millones-, José Antonio Garcés -dio $24 millones entre 2007 y 2008- y Fernando Echeverría.

Incluso, silenciosamente, Roberto Angelini colabora con la orden, siguiendo los pasos de su tío Anacleto, quien es considerado un benefactor histórico. Desde 2006, el heredero ha entregado cerca de $50 millones para infraestructura y la remodelación de la biblioteca de la Universidad Alberto Hurtado (UAH).

Pero no sólo son parte de esta elite ignaciana quienes aportan fondos. Muchos se vinculan por medio de la amistad que comparten con sus sacerdotes. En sus 84 años, Renato Poblete se encargó de estrechar vínculos con el sector empresarial. Hace dos décadas, inauguró una iniciativa con el propósito de "despertar la conciencia social y acercar el mundo de los pobres a los ricos": durante más de tres años, y una vez por semana, trasladaba en bus a hombres de negocios -como Sergio de Castro, Guillermo Luksic y Juan Guillermo Garretón- a poblaciones "callampa".

El nexo de Poblete con "la elite" es de lo más diverso. Jorge Carey lo conoce hace 40 años. "Pese a que no soy un tipo fervorosamente religioso, colaboro con los jesuitas por mi amistad con el cura Poblete", dice el abogado. El sacerdote ha pasado varias Navidades en su casa, es padrino de confirmación de sus hijos e incluso "se autoinvita a almorzar".

Hoy Carey es parte del consejo de redacción de la revista Mensaje -histórica publicación mensual de los jesuitas, dirigida por el sacerdote Antonio Delfau- y participa en el Comité de Finanzas del Hogar de Cristo.

Felipe Larraín -pese a que estuvo en el San Ignacio sólo hasta sexto básico y tiene a sus hijos en el Tabancura- se considera cercano a la orden: desde hace más de 10 años también participa en el consejo de Mensaje, al cual fue invitado por Gonzalo Arroyo, considerado un sacerdote del "ala izquierda" de la orden. Al momento de casarse y bautizar a sus hijos, Larraín eligió como sacerdote a Renato Poblete, quien, por otro lado, es parte del directorio de la Fundación Futuro, ligada a Sebastián Piñera.

Círculo de hierro de Berríos

Felipe Berríos es otro de los que han aguachado a importantes empresarios. Suele comer con Felipe Lamarca, quien en más de una ocasión ha organizado encuentros con varios hombres de negocio en su casa: Fernando Echeverría y Anacleto Angelini, entre otros. Además, la mujer de Lamarca, Anita Holuigue, es parte del Consejo de la UAH y de Un Techo para Chile.

En el "círculo de hierro" de Berríos se encuentra Roberto Fantuzzi, quien participó con él en la iniciativa "Taller Alborada": en los 90, ellos junto a un grupo de jóvenes trabajaron en la cárcel con el propósito de rehabilitar a los reos.

El sacerdote, además, ha hecho "buenas migas" con Lucía Santa Cruz, con la que conversa regularmente.

Importantes empresarios, como Manuel Santa Cruz y Hugo Yaconi, también tienen una relación cercana con Berríos. Tanto, que ellos serían los mayores benefactores de Infocap, "la universidad del trabajador" creada por los jesuitas en 1984 y liderada por el propio Berríos.

La dupla Santa Cruz-Yaconi también aporta regularmente fondos al plantel estudiantil, cuyo rector es Fernando Montes, estrecho amigo de Yaconi. Esa relación surgió en 1974, tras la muerte del único hijo del empresario, quien entonces tenía 18 años y estudiaba en el San Ignacio. El joven -quien nació con un problema en el corazón- pasó sus últimos días en los trabajos de verano del colegio y fue precisamente Montes quien lo acompañó al morir: en pleno toque de queda, lo trasladó al hospital de Putaendo.

En 2008, Yaconi -pese a no ser ex alumno de los jesuitas- fue galardonado como "el ignaciano del año", distinción que entrega anualmente la Asociación de Ex Alumnos Ignacianos, dirigida por Pedro Pablo Díaz. Otros que han ganado este premio son los ex alumnos Juan Emilio Cheyre y el ex ministro Sergio Molina. Éste y su señora Pauline Barros -la primera mujer en recibir este reconocimiento- realizan los "ejercicios ignacianos", práctica espiritual clave de la orden.

Austeridad y sencillez

Como administrador de la Compañía, Montes les "pide una mano" a varios de sus amigos, quienes lo asesoran financieramente en esa labor. Entre ellos, los inversionistas Raimundo "Paila" Valenzuela, José Cox y Diego Vidal, mano derecha de Hugo Yaconi.

El otro ejecutivo que frecuentemente conversa con los sacerdotes de la Compañía de Jesús es el vicepresidente de Elecmetal, Rolando Medeiros, quien hoy estudia Filosofía en la UAH. Entre las pocas mujeres "jesuitas" se encuentra la ex ejecutiva de Sebastián Piñera, Susana Tonda, hoy directora del Hogar de Cristo.

Los "otros ignacianos" que mantienen lazos con el San Ignacio son los hermanos Coloma: Fernando, Pablo y Juan Antonio. El primero tiene a sus hijos estudiando ahí y participa del Centro Teológico Manuel Larraín -vinculado a la Compañía-, donde varios economistas se reúnen regularmente a discutir temas económicos y de doctrina social. En este team participan también José de Gregorio y Jorge Rodríguez Grossi.
Juan Antonio Coloma, por su parte, aunque asegura que "me he distanciado un poco de la orden porque mis hijos no fueron aceptados en el San Ignacio sólo por razones políticas", se siente un "ignaciano de formación". Tanto, que fue él junto a Andrés Navarro quienes realizaron, en 2006, el discurso para conmemorar los 50 años del colegio San Ignacio de El Bosque y los 150 del de Alonso de Ovalle.

En él ahondaron sobre el espíritu con que los "formatearon": "entrar para aprender, salir para servir" y vivir con el valor de la austeridad. "En el San Ignacio nos inculcan el autocontrol y la sencillez. Gustándome los autos ando en uno normal, no podría andar en uno lujoso", dice Juan Emilio Cheyre. Lo mismo opina Davor Harasic: "Jamás tendría un Porsche".

Qué los diferencia del Opus y Legionarios

"Nunca voy a dejar de agradecerle a mi padre la enseñanza que me dio de pequeño cuando mi hermano volvió de Estados Unidos, país en el que estuvo estudiando durante cinco años. Era Viernes Santo, día de ayuno y abstinencia. A pesar de que mi padre le pidió permiso a un sacerdote para celebrar en grande ese día, no recibió autorización. Pero era tan importante para la familia, que decidimos de todas formas hacer una gran fiesta y ayunar días después".

Así grafica Fernando Montes la diferencia entre el espíritu jesuita y el de las demás congregaciones religiosas: en este mundo, dice, es cada cual el que debe discernir frente a cada decisión que se toma. "La gracia es ser hombres libres y tener la virtud de saber interpretar bien las leyes, luego de haber formado seriamente la conciencia", dice el sacerdote.

Si bien todos concuerdan en que hay católicos para todas las órdenes, los vinculados a los jesuitas afirman que éstos "son los más libres de espíritu", como dice Davor Harasic. El abogado agrega que aprendió de ellos que "cualquier situación de la vida supone conflictos de valores y que es uno el que debe discernir para optar por el valor mayor en desmedro del menor".

Un ejemplo de "esta dinámica" lo grafica Pedro Pablo Díaz: "Si mi mujer está a punto de tener la guagua y yo estoy parado en una luz roja, probablemente infringiré la ley y pasaré en resguardo de un bien mayor".

Ello, según Enrique Barros, explica por qué son considerados por muchos como díscolos.

Pero lejos donde más profundamente se percibe la diferencia con los distintos movimientos religiosos es en la moral "sexual". Aunque existen matices entre ellos, los propios adherentes de la orden jesuita aseguran que ellos siempre han estado en "la frontera de la religión y eso los obliga a ser más abiertos. Yo no soy un experto bioético, pero concuerdo con ellos. Por ejemplo, el hecho de que acojan a parejas divorciadas ha sido una gran labor de los jesuitas, pues la Iglesia ha sido bastante discriminatoria en esos casos", dice Fernando Echeverría.

Precisamente es por su "carácter liberal" que los jesuitas se han "ganado" apoyos y también detractores. No sin razón, las declaraciones de Felipe Berríos, quien señaló que la "Iglesia está llena de fanáticos y talibanes" respecto al debate generado entorno a la píldora del día después, provocó en el sector más conservador una visión de que los jesuitas relativizan todo.

Berríos contraataca: "Hay una gran inconsecuencia en la elite. No entiendo que sean tan modernos para lo económico y tan conservadores en otras cosas. No consideran que usar condón es un mal menor para jóvenes que han decidido tener relaciones sexuales, pero sí pueden aplicar el mal menor para definir un sueldo mínimo en $150 mil y no en $ 300 mil, porque ello generaría quiebras, cesantía y más pobreza".

-¿Ésa es la gran diferencia con los otros movimientos?
- No, yo creo que es la diferencia más visible. La principal distinción respecto de los otros es la libertad. Que la gente sea libre y que no tenga que preguntarle al cura lo que debe hacer o no. Noto que ejecutivos y empresarios han ido creando un mundo tremendamente infantil. La gente debe discernir en conciencia. Eso no es relativismo, es el evangelio puro.

-¿En qué se diferencia un empresario ignaciano de otros hombres de negocios del Opus Dei o de Los Legionarios?
- Creo que la gran característica es que la diversidad se mira como un bien y no como una debilidad. Un empresario ignaciano jamás le va a preguntar a un nuevo trabajador si tiene fe o no y qué credo profesa. Eso sería humillante. Pienso que otros movimientos sí preguntan esas cosas. Hay ciertos sectores que se han transformado en una fe de movimientos religiosos clasistas.

Seguir en la cota cero

La diversidad es otro "ítem" que los adherentes jesuitas sacan a flote. De ahí, las aseveraciones de Berríos en torno a las "burbujas" que se han creado en la sociedad, a las cuales él ataca. De hecho, aunque varios corredores de propiedades les han ofrecido terrenos a los jesuitas para trasladar la universidad al sector alto de Santiago -se ha pensado en Huechuraba o Piedra Roja y se ha discutido en los directorios y en el consejo ampliado-, ellos se han opuesto drásticamente.

Aun cuando Jorge Rodríguez Grossi asegura "que muchos laicos hemos tratado de influir para reubicar el MBA al sector oriente -porque la mayor parte de esos estudiantes trabajan ahí-, los sacerdotes se han resistido". ¿La razón? Aseguran que deben permanecer donde están, pues ese lugar es accesible para alumnos de todos los estratos.

Precisamente cuando los jesuitas dieron énfasis a la diversidad, hace ya más de 30 años, la orden vivió un profundo conflicto que terminó con la diáspora de la elite, que mayoritariamente se agrupaba entonces en esa orden. Se dijo que existía "una excesiva preocupación por los más pobres". Poblete reconoce la fuga y "el doloroso distanciamiento" como él lo llama: "El San Ignacio formó gente que resultó ser parte de la elite, la cual en los años 70 optó por otros colegios para sus hijos. Se generó la sensación de que los jesuitas eran más sociales que otros movimientos y que tenían una opción centrada en los pobres en desmedro de la clase alta. Pienso que fue un error. No se puede exagerar posiciones".

Berríos, sin embargo, considera que "nosotros no dejamos a la clase alta de lado, fueron ellos los que nos dejaron". Lo atribuye a que los representantes de ese sector se incomodaron con sacerdotes que les hacían ver las diferencias sociales que existían. "Es más rico estar en una fe que no cuestiona. Que no se mete en mi empresa ni donde tengo mi casa, que no cuestiona la mesada que les dan a sus hijos. Prefirieron una fe que no los jode y optaron por otros grupos religiosos".

Un hito clave, dice Poblete, fue cuando las autoridades jesuitas decidieron establecer el "arancel diferenciado". "La gente se aterró. Optaron por colegios con más protección, que preservaran sus valores, donde todos se conocieran con todos, un lugar socialmente más exclusivo. Espero que hoy esté cambiando esa tendencia y que la gente entienda que las burbujas no son buenas", reconoce Poblete.

En ese sentido, Enrique Barros afirma que la columna de Berríos sobre "la cota mil" pone el acento donde duele: "La elite chilena tiende a aislarse. Yo hago clases en la Chile y puedo ver la riqueza de lo que significa tener alumnos de todos lados. Pienso que los niños de los colegios del barrio alto le tienen miedo a esa universidad, porque existe gente muy capaz, pero muy distinta a ellos. Eso está mal y es una tarea pendiente".

Críticas desde dentro

Varios empresarios cercanos a la Compañía reconocen que si bien comulgan con los principios básicos de los jesuitas, hay conceptos con los cuales difieren.

De hecho, si bien la mayor parte de esta elite lee la revista Mensaje, muchos cuestionan el "resentimiento" que se percibe en esa publicación. Por ejemplo, explica Enrique Barros, la única vía para salir de la pobreza es a través de la riqueza, pero el mundo jesuita, según el abogado, no entiende eso. "El problema de ellos es que con este pensamiento no entienden bien el papel de la elite. La desigualdad es un problema que existe, pero se ataca paso a paso, en el largo plazo. Hay que encauzar el capitalismo, no negarlo", dice Barros.

Otros, sin embargo, señalan que aunque los jesuitas abogan por "el respeto y la tolerancia", muchas veces las "hacen de cura Gatica". Ejemplo de ello es la exclusión que vivió Juan Antonio Coloma cuando intentó que sus hijos estudiaran en el San Ignacio. Montes afirma que fue un caso aislado y "una estupidez de los examinadores. Por ello le pedí perdón".

Como sea, no son pocos los que acusan a los jesuitas de "hablar más de política que de Dios". Sin embargo, dice Felipe Berríos, "pese a que la gente llama a curas con colleras para las inauguraciones, cuando se enfrentan a la muerte o necesitan una ayuda más contundente es a los jesuitas a quienes nos buscan".

Por Paula Comandari y María José López – Revista Que Pasa?
.

No hay comentarios: