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Gabriela Mistral


viernes, 17 de julio de 2009

CHILE: Los provocadores 40 años de "El Chacal de Nahueltoro".

Cinta referencial del cine chileno, a esta película sobre la vida, crimen y muerte del asesino Jorge del Carmen Valenzuela Torres se la acusó de defender la delincuencia antes de ser estrenada. Y a pesar de que costó encontrar un cine que quisiera darla, batió récords de taquilla y compitió en el Festival de Berlín.

El actor Luis Alarcón sostiene en sus manos un souvenir poco común de su paso por el rodaje de "El chacal de Nahueltoro". Un recuerdo que lo ha acompañado 40 años y que le hace imposible olvidar que fue parte de este venerable filme del cine chileno. Luis Alarcón, quien en este clásico se lució como el juez que condena a muerte al criminal acusado del asesinato de su conviviente y sus cinco hijos, muestra un trozo de madera con una placa metálica, donde puede leerse tallado el nombre de "Jorge del Carmen Valenzuela Torres". También se lee la fecha de su muerte, cuando fue fusilado, en Chillán, el "30 de abril de 1963".

"Esta placa la talló el propio Chacal después de aprender a leer y escribir", recuerda Luis Alarcón sobre los hechos reales de la crónica roja que inspiraron la cinta escrita y dirigida por Miguel Littin en 1969, y que este año celebra cuatro décadas de vida, ungida como una de las piedras angulares del Nuevo Cine Chileno (ver recuadro).

"La plaquita me la dieron cuando estábamos filmando la película en la cárcel de Chillán, cinco años después de su muerte.Se supone que el propio preso la quería para su tumba". El actor arquea las cejas, mira el nombre del analfabeto, bruto, violento y alcoholizado hombre que tras las rejas fue re educado, porque aprendió a hacer artesanías en mimbre, guitarras, a hablar correctamente y a respetar la ley humana y de Dios (se convirtió en un ferviente católico). "No he querido poner la plaquita en su tumba porque la pueden sacar. Es una espina que llevo clavada en el corazón todos estos años, pero no quiero que la saquen los vándalos".

A cuatro décadas de su estreno en el Festival de Cine de Viña del Mar, "El chacal de Nahueltoro", con su espléndida fotografía en blanco y negro, audaz edición, la dirección tipo documental, notables interpretaciones encabezadas por Nelson Villagra como el Chacal y, lo mejor, con su trágica materia prima extraída directamente de la realidad, pasa de largo cualquier crisis de los cuarenta y se instala entre lo mejor de los 107 años del cine chileno. Una historia que tuvo sus primeros ecos en la crónica roja nacional, en 1960, cuando Jorge del Carmen Valenzuela Torres asesinó a sangre fría a su mujer y a su prole porque, bajo los efectos de la borrachera, ella lo habría tratado de flojo.

La película tiene la grandeza del libro "A sangre fría", de Capote, ese registro de una barbaridad delictiva mayor, porque nunca juzga de una manera evidente y porque es capaz de capturar con preciosos detalles no sólo la historia de un crimen con demoledora energía visual, sino también el tiempo donde ese relato está encapsulado. Esta es una tremenda película, hecha en blanco y negro en plena era del Technicolor, porque tiene la moral de los grises y no necesitaba de chillones tintes para deslumbrar. Así se ve nítidamente todo: los criminales, los gendarmes, los chilenos y, a boca de jarro, la cara de la muerte.

EL CHACAL HA MUERTO, VIVA EL CHACAL. El director Miguel Littin se obsesionó con este caso desde la primera vez que supo de su existencia. Le llamaba la atención el personaje, claro, pero también su entorno rural, pues él conocía de cerca los códigos del campo porque creció en Palmilla. Escribió entonces primero una obra de teatro, luego un documental y después un cuento sobre este brutal crimen, antes de decidirse a hacer un filme. "Pero al final vi esto como una película", dice y menciona que la clave que alimentó su obsesión fue la realidad, estar en el lugar de los asesinatos y revisar los expedientes judiciales sobre el caso. "Y revisando los archivos me llamó la atención el lenguaje judicial, rimbombante, con un sentido narrativo sumamente llamativo. Por eso el título original de la película es larguísimo 'En cuanto a la infancia, andar, regeneración y muerte de Jorge del Carmen Valenzuela Torres, quien se hace llamar también José del Carmen Valenzuela Torres, Jorge Sandoval Espinoza, José Jorge Castillo Torres, alias El Campano, El Trucha, El Canaca, El Chacal de Nahueltoro'. Esas son expresiones que vimos en el expediente".

En 1968, el cine chileno resultaba un terreno fértil para que artistas "chascones", como Littin y compañía, hicieran cintas innovadoras, con vocación realista y con marcada conciencia social. La influencia de la Nueva Ola Francesa, más la herencia del neorrealismo italiano eran un fuerte imán para el cambio, para volcar las cámaras hacia las calles y mostrar una identidad chilena que no era la postal turística. Nada de gente linda a la que le pasaban cosas lindas. "Recuerdo que nos hicieron la guerra de varias partes, porque nos decían que la película mostraba lo peor de los chilenos", dice Littin. "Había una verdadera campaña contra nosotros. Cuando filmábamos en lugares como Chillán, la gente nos tiraba piedras y algunos diarios nos perseguían con columnas de fuerte tono". Por ejemplo, en el Diario Ilustrado se leía que este rodaje era una "apología de la delincuencia" y que "Littin estaba subvirtiendo el orden y las buenas costumbres".

Después de 40 años, el actor Nelson Villagra no olvida un particular insulto: "Nos decían que buscábamos nuestros argumentos en los 'tarros de basura'. Nosotros respondimos que no era nuestra responsabilidad si en Chile se encontraban seres humanos en los tarros de basura. Fue curiosa la campaña de varios medios periodísticos en contra del filme, porque ella se hizo antes de su estreno. Y, paradojas de la vida, esa campaña, en definitiva, se convirtió en publicidad".

De este modo, casi nadie en la opinión pública desconocía el hecho de que en el otoño de 1968 se estaba rodando esta producción, precaria, pequeña y realizada por un grupo con sensibilidades parecidas. La cabeza era Littin, quien reclutó a parte de sus compañeros de trabajo en Canal 9 de la U. de Chile. Nada de casting ni de pruebas de cámara. Recuerda Nelson Villagra: "Con Miguel yo había trabajado varias veces en la TV. El mundo agrario era común a los dos. Además, aquellos no eran tiempos de casting. La palabreja ni se conocía". Así también llegaron la gran actriz Shenda Román, Héctor Noguera y Luis Alarcón, como el despiadado juez en la película, y quien, frente a la falta de manos, se convirtió en productor ejecutivo. "Conocía a Miguel de mucho tiempo. Actuamos juntos en la película 'El ABC del amor' y, te puedo decir, él era un muy mal actor. Sin duda es un mejor director", recuerda divertido Alarcón.

También en el proyecto estaba el genio de Pedro Chaskel, compaginador; la fotografía de Héctor Ríos y el desconocido aporte de Fernando Bellet, asistente de Littin. A lo largo de los años, siempre se ha dicho que Bellet tuvo una labor crucial en la calidad de la película. "Fernando fue mi maestro", reconoce abiertamente el cineasta, el único chileno nominado dos veces al Oscar, sobre esta lumbrera que estudió cinematografía en el Institut des Hautes Etudes Cinematographiques, el famoso IDHEC. "Él me enseñó todo lo que sé de cine", recuerda el director, y Alarcón dice que esto fue una obra colectiva que juntó a los mejores especialistas del momento. "Todos hicimos de todo, de hecho, cuando me tocó a mí hacer de productor ejecutivo tuve que conseguirme a los fusileros para la escena de la pena de muerte".

EL DOBLE FUSILAMIENTO. Era un frío día de mayo de 1968 y el equipo de "El chacal de Nahueltoro" estaba en Chillán rodando el clímax de la historia: El fusilamiento. "Se me helaba la piel pero no sólo del frío", recuerda Littin. Nelson Villagra estaba caracterizando a Jorge del Carmen Valenzuela Torres en sus últimos minutos de vida y los gendarmes apuntaban con armas sin balas reales, directo a su corazón. "Yo me había conseguido a cuatro de los fusileros que habían estado en la muerte del Chacal años antes", dice Alarcón. "Uno de los cuatro me contó por qué participó en el fusilamiento del Chacal. Le daban un bono extra, días de franco y eso le venía bien porque quería casarse".

Durante la escena la tensión reinaba y Nelson Villagra le encargó a su hermamo Pedro su seguridad frente al disparo de las armas. "El actor que en el filme representa al jefe del pelotón de fusilamiento es mi hermano. A él le pedí que una vez revisadas las armas, antes de filmar el fusilamiento, no se separara de ellas ni un instante. El diablo suele meter su cola".

Finalmente sonaron las salvas en Chillán, las palomas volaron de los tejados de la cárcel y Nelson Villagra cayó "muerto". Entonces Littin no dio de la impresión y detuvo el rodaje. "Fue muy fuerte, no pude seguir", dice. Alarcón recuerda: "A Miguel siempre le ha provocado desazón filmar la muerte aunque, como dice Raúl Ruiz, empezó matando a uno en 'El chacal...' y terminó en masacre, por 'Sandino"'.

Villagra tiene otro recuerdo: "Increíble pero cierto: en Chillán se hizo sólo un simulacro de fusilamiento, porque no hubo película en la cámara". La escena se repitió en Santiago y fue el cierre de un clásico. Un ejemplo de cine que bordea la perfección y que suele ser ejemplo de "la realidad" cuando se habla de la pena de muerte en Chile. Dice Littin: "Mucha gente no distingue que esto es ficción, no es la vida real del chacal". Y ese mismo efecto ha causado desde que debutó, en noviembre de 1969 en el Festival de Cine de Viña del Mar. Su estreno comercial fue en mayo de 1970. "Tuve que rogarle al dueño de uno de los cines que estrenara la película", cuenta Littin. Y luego no podía creer lo que veía. "Vi gente agolpada y pensé que había pasado algo, no sé, un accidente, pero después me di cuenta que eran las colas para ver la película".

Con apenas ocho copias, hizo la desbordante cantidad de 220.000 espectadores, un récord, y tuvo una gran recepción de la crítica especializada. Mariano Silva señalaba hace 40 años: "tiene aciertos que nunca se habían visto en el cine nacional... roza la obra maestra". El mismo juicio compartió el crítico de Le Monde y fue seleccionada para representar a Chile en el Festival de cine de Berlín de ese año. Era una de las favoritas para llevarse el Oso de Oro, pero la polémica la persiguió de nuevo. "Hubo un escándalo cuando el jurado presidido por el director de 'Gigante', George Stevens, decidió sacar de competencia a una cinta llamada "o.k.", de un tal Michael Verhoeven", cuenta Littin. "Entonces los otros directores en competencia como Bertolucci, Fassbinder y yo, decidimos boicotear esa decisión". El jurado renunció y no hubo premios ese año.

"Cuando llegamos a Chile un profesor de teatro nos dijo que nos farreamos el premio", dice Littin. "Pero hicimos lo correcto". Y a cuarenta años del estreno de "El chacal de Nahueltoro", Luis Alarcón le da vueltas a otra vieja idea. Dice que quiere hacer lo correcto: "Deberíamos poner la placa de Jorge del Carmen Valenzuela Torres en su tumba. A ver qué me dice Miguel...".

1969, la fundación del nuevo cine chileno.

Fue en el Festival de Cine de Viña del Mar de hace cuarenta años cuando "El chacal de Nahueltoro" se mostró al mundo de la mano de otras dos joyas del cine nacional: "Tres tristes tigres", de Raúl Ruiz; y "Valparaíso mi amor", de Aldo Francia. Estas películas son la triada de una nueva energía de directores que buscaron romper con un cine de cartón piedra del pasado. "Queríamos mirar la realidad y desde ahí construir algo", dice Miguel Littin y es así que su colega Raúl Ruiz usó la brillante parodia intelectual para mostrar la chilenidad en "Tres tristes tigres" y el doctor Aldo Francia, el artífice del Festival, abrazó el neorrealismo para engrandecer una pequeña tragedia en la Ciudad Puerto. 40 años después, la triada sigue con fuerza mostrando el camino correcto.

Por Ernesto Garrat Viñes - Revista Wiken.
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