Un incidente que podría parecer menor, termina por ahondar más el abismo entre el cada día más izquierdista Correa y el derechista Uribe. En la pelea tiene más que perder Colombia, porque la balanza de intercambio comercial le es favorable y necesita de la cooperación de Ecuador para combatir al narcotráfico y a las Farc en sus regiones selváticas fronterizas. Y Santos tampoco gana, porque estar enemistado con los gobernantes vecinos, no es algo que le ayude en su aspiración presidencial porque a la hora de la verdad el votante colombiano no quiere más líos". No hay nada más popular que fomentar las malas relaciones con un país vecino. Sobre todo si consideran que siempre les miró por encima del hombro. Eso debe pensar Rafael Correa, que no hace sino echar limón a la herida abierta con Colombia.
Es cierto que la Justicia es un órgano independiente, pero la extravagante decisión de un juez de la provincia fronteriza de Sucumbíos en contra del ex ministro de Defensa, Juan Manuel Santos, desprende un tufillo político. Responsabilizarle de las veinticinco muertes que causó el bombardeo al campamento del comandante guerrillero, Raúl Reyes, en marzo del 2008, en territorio ecuatoriano, y decretar su captura, carece de sustento jurídico, según opinan estos días los expertos colombianos en la materia. Entre otras causas, no sólo porque fue una acción legítima contra un grupo terrorista y le compete a una corte internacional estudiar las demandas, sino porque la ejecutó un Estado y su cabeza es Álvaro Uribe.
La única razón para la decisión del juez sería ponerse en sintonía con la línea radical de su mandatario, que ha convertido sus ataques al gobierno de Colombia en un arma populista de consumo doméstico. Sólo falta que Ecuador expida una orden internacional de captura para que Santos pase el mismo mal trago que Augusto Pinochet cuando estaba en Londres, ciudad donde ahora él está de vacaciones.
A diferencia del pasado, cuando procuraba bajarle el tono a la disputa, en esta ocasión el gobierno de Uribe contestó con dureza, señalando que se trata de una agresión al país más que a un funcionario.
Y es que Correa llegó a decir que a un ciudadano ecuatoriano, muerto en el citado bombardeo y a quien Colombia acusa de guerrillero, lo habían rematado a golpes los propios soldados colombianos.
Algunos analistas, como Miguel Gómez, de estirpe conservadora, consideran que debería haber un cambio de actitud en las relaciones porque haber puesto la otra mejilla desde que Correa retiró su embajador en Bogotá y expulsó a su contraparte en Quito hace ya dieciocho meses, sólo ha servido para envalentonar al amigo de Hugo Chávez.
Hasta la fecha, entre otras medidas para castigar al vecino, el ecuatoriano ha exigido algo tan peregrino como apostillar el pasado judicial colombiano, causando un caos monumental entre los habitantes de las regiones limítrofes. Así mismo, recortó cuotas a productos como el arroz y esta semana conocimos que intentará restringir las exportaciones que tienen ventajas arancelarias.
Lo que queda claro es que las relaciones diplomáticas entre las dos naciones están muy lejos de restablecerse por no decir que será imposible mientras Uribe siga en Casa Nariño y él en Carondelet. Todos los intentos de intermediarios de la categoría de Jimmy Carter, resultaron baldíos.
Pero, además, tras lo sucedido es evidente que empezarán con el pie torcido si Juan Manuel Santos, sempiterno aspirante a la presidencia, sucede a su antiguo jefe en mayo del 2010. Cabe recordar que el ex ministro de Defensa, fuerte crítico del chavismo antes de que entrara en el gabinete, tampoco cuenta con el favor de Hugo Chávez.
Por tanto, un incidente que podría parecer menor, termina por ahondar más el abismo entre el izquierdista Correa y el derechista Uribe. En la pelea tiene más que perder Colombia, porque la balanza de intercambio comercial le es favorable y necesita de la cooperación de Ecuador para combatir al narcotráfico y a las Farc en sus regiones selváticas fronterizas. Y Santos tampoco gana, porque estar enemistado con los gobernantes vecinos, no es algo que le ayude en su aspiración presidencial porque a la hora de la verdad el votante colombiano no quiere más líos.
Por Salud Hernández-Mora - Información y Análisis América Latina. - Especial para Infolatam.
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