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Gabriela Mistral

sábado, 14 de marzo de 2009

GAZA: La masacre silenciada ¿Quién se acuerda de Gaza? Israel y la estrategia del silencio.

El secreto, es el "silencio": seguir la vida como si nada. La dirigencia, la sociedad israelí, las comunidades judías, las potencias y la prensa imperial expresan la misma idea: Gaza nunca existió.

Para Israel y las organizaciones judías mundiales, después de la masacre militar, el mundo sigue andando. El secreto, es el "silencio": seguir la vida como si nada. La dirigencia, la sociedad israelí y las comunidades judías del mundo expresan la misma dinámica de las potencias y de la prensa imperial: Gaza nunca existió. Como tampoco existen tribunales internacionales para los que ordenaron el genocidio militar, al que hoy sustituyen con el bloqueo y la masacre por hambre en el campo de concentración de 360 km2.

Se cansaron de matar en Gaza.

No fueron parados ni condenados por nadie: Ni por las potencias, ni por los gobiernos (salvo Cuba, Venezuela y Bolivia), ni por la "opinión pública mundial", se cansaron de matar en soledad.

Durante 22 días y 22 noches ininterrumpidos se cansaron de mutilar y desangrar impunemente cuerpos de niños, de mujeres y de hombres palestinos en el medio de una ciudad fantasma.

Se cansaron de apretar el gatillo, se agotaron de tanto derramar sangre humana indefensa en medio de la nada, y nadie los juzga. Para ellos, los genocidas del pueblo palestino, no hay Corte Penal Internacional, no hay orden de captura, no hay condena mediática, nadie los recuerda, como ellos sí recuerdan a los nazis.

Y hay una razón de fondo que lo explica: No es rentable meterse con el dominador.

Gaza, ya es el símbolo más patético del absurdo y sin sentido de un imperio sionista criminal que ejecutó impunemente, y ante la total indiferencia del mundo, un ensayo militar de "solución final" con el pueblo palestino que empalidece la versión oficial del propio Holocausto judío.

Después de Gaza, ya no existe la ciencia ficción. El aparato militar y la tecnología imperial pueden convertir en puré cualquier cosa que se le ponga al paso, incluido cuerpos vivos de seres humanos.

No hay límites: Ni la vida ni la justicia ya tienen quien los defienda. La lógica y el sentido común fueron devorados por el individualismo y la indiferencia mundial nivelados planetariamente como "ideología única".

Para Israel y los judíos universales, después de la masacre militar, el mundo sigue andando.

El secreto, es el "silencio": seguir la vida como si nada. La dirigencia, la sociedad israelí y las comunidades judías del mundo siguen la misma dinámica de las potencias y de la prensa imperial: Gaza nunca existió.

La matanza de miles de niños, mujeres y hombres palestinos, la destrucción de un país empobrecido, martirizado y en catástrofe humanitaria, fue solo una anécdota.

Ni Israel ni los judíos hacen autocrítica sobre las ruinas de Gaza.

Así como ocultaron o manipularon la masacre de Gaza para restarle impacto internacional y neutralizar las condenas a Israel, de la misma manera hoy intentan hacer desaparecer la derrota del Estado judío presentando los 1400 muertos, los casi 6.000 heridos, y la destrucción de Gaza, como un emergente de la "violencia" y no de los bombardeos israelíes ejecutados durante 22 días consecutivos (Ver: Cómo los medios y las grandes cadenas ocultan la responsabilidad de Israel en la masacre de Gaza).

Decenas de miles de casas y edificios fueron convertidos en escombros, la casi totalidad de la infraestructura administrativa de gobierno destruida, centenares de mezquitas pulverizadas, vidrios estallados por todos lados, el comercio y la actividad económica paralizados, negocios, escuelas, hospitales, destruidos o semidestruidos, con las huellas de los misiles o de las bombas israelíes marcadas con identidad indeleble.

En la Franja de 360 km2 donde se amontonan un millón y medio de palestinos dentro de un régimen de apartheid, sus habitantes carecen de todo.

En Gaza, como coinciden en afirmar observadores y corresponsales, hubo un Apocalipsis, pero el Apocalipsis no vino de la ira de Dios sino de la ira del Estado judío.

Y una cifra ilustra la desproporción de la masacre: Durante toda la operación militar murieron 10 soldados israelíes, tres civiles, y no fue destruido ningún tanque o máquina de matar israelí.

Para el día después, para el regreso sin gloria de los exterminadores de Gaza, Israel y los judíos del mundo eligieron el silencio.

Luego del cese el fuego, a fines de enero, en la Franja de 360 km2 donde se amontonan un millón y medio de palestinos dentro de un régimen de apartheid, sus habitantes carecen de todo: Ya casi no hay luz por falta de combustible, la poca comida que queda sólo se la encuentra en los raleados depósitos de la ONU y de las organizaciones humanitarias que fueron blanco de las bombas israelíes.

Luego de la masacre y del fracaso de la operación Plomo Sólido, la estrategia judía consistió en cambiar los bombardeos por el cerco y seguir estrangulando a la Franja con el bloqueo fronterizo para obligar a Hamás a negociar una tregua duradera y garantizar el fin de los disparos de cohetes contra territorio israelí.

Algo así como cambiar el exterminio militar por la profundización del exterminio económico-social.

Desde entonces, las fuerzas israelíes terrestres de elite realizaron un repliegue táctico Gaza y permanecen en la frontera esperando una nueva orden de ingreso, mientras la fuerza aérea y la marina completan el dispositivo de control sobre la Franja.

Como sostienen observadores y corresponsales en el área, la Franja de Gaza, destruida y con sus fronteras bloqueadas, se ha convertido más que nunca en un campo de concentración de Israel que digita quién ingresa y quién no a la Franja de 360 Km2.

Paralelamente, el Estado judío, como método para seguir aislando y deteriorando a Hamás, controla e impide cuando quiere el ingreso de ayuda humanitaria, a tal punto, que la propia Unión Europea ya solicitó varias veces la apertura de los pasos fronterizos de Gaza y que se permita la entrada de alimentos, medicinas y agua, para una población que ya se encuentra en el límite de su supervivencia.

Israel perdió la guerra por una razón sencilla: Después de asesinar y masacrar a civiles indefensos durante 22 días consecutivos, no consiguió los dos objetivos centrales de la operación militar de exterminio: Descabezar a Hamás y terminar con los arsenales y cohetes de la resistencia palestina.

La estrategia para ocultar la derrota es el silencio. Y la reinvención de las denuncias de "campañas antisemitas" en el mundo con las que el aparato de inteligencia israelí intenta neutralizar las críticas y las reacciones a la masacre y destrucción en Gaza.

En las presentes condiciones, el Estado judío se ve ante dos alternativas: A) Si continua con la masacre militar, su imagen se sigue desmoronando y afronta el peligro de un bloqueo internacional, B) Si se retira de Gaza, le concede una victoria abierta a Hamás.

En este escenario, la cúpula israelí eligió una tercera opción: Seguir matando, continuar con la masacre por otras vías, reemplazando a los bombardeos con el bloqueo a la supervivencia de la moribunda Gaza.

Mientras tanto, en el cementerio abierto de la Franja, descansan los cuerpecitos despedazados y mutilados de más de 400 niños palestinos que nunca entendieron el sentido de la palabra "terrorismo".

Y ahora el Estado judío no solamente tiene un problema inconcluso con la resistencia palestina, sino que además se le agrega otro: Explicarle al mundo que quiere decir la palabra Holocausto.

Pero también siguen exentos de dar esa explicación: El mundo entero los protege con su indiferencia.

O con su miedo.

Gentileza: Rene Marcelo Desidel
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